Solo con el fin de ubicar el tema, conviene recordar que el presidente del país del norte, a finales del mes de mayo próximo anterior, amenazó de manera creíble al Gobierno Mexicano con imponer una tasa del 5% sobre todos las mercancías provenientes de México, a partir del 10 de junio en curso y que se incrementaría en una tasa igual, cada mes, hasta llegar a un 25%, si no se detenía en México el flujo de migrantes hacía su país.

También es útil recordar que el Gobierno de México buscó y logró un acuerdo con el país norteño, bajo el compromiso de desplegar la guardia nacional en la frontera sur, expandir la devolución de solicitantes de asilo e implementar con el mismo país septentrional la estrategia de desarrollo en Centroamérica, en el entendido de que en 45 días el vecino “americano” evaluará si el Gobierno de México ha alcanzado resultados satisfactorios en el cumplimiento de los acuerdos, a juicio unilateral de ellos, y de no ser así, es natural que la amenaza arancelaria se hará de nueva cuenta, con visos de realizarse.

El Gobierno de México consiguió un plazo de cumplimiento, en el cual está luchando por satisfacer las obligaciones derivadas del acuerdo y también para pensar y planear qué hacer ante cualquier situación, consciente de que solo resta poco más de un mes para ser evaluado por su contraparte y que, en verdad, la empresa se antoja muy difícil de efectuar a cabalidad, pero nadie está obligado a lo imposible.

El consenso de la opinión pública, parece expresar que el Gobierno de México actuó y está actuando de la manera en que podía actuar, por crudo que sea esto.

La externalidad política de lo que hasta hoy sucede, es que la imagen del Gobierno y del Presidente, no sufrió una debacle, aunque sí daños, pues también hay un sector de la opinión pública que mal valora al Presidente y su gobierno, por su actuación ante el diferendo.

De cara a lo que viene, una vez que concluya el plazo que se otorgó al Gobierno Mexicano para acreditar la realización de las obligaciones contraídas, lo más importante será conocer el derrotero inmediato del desacuerdo entre los países.

Pero otra consecuencia de esa ruta y que se va a dar, es la externalidad política, y por eso es de interés atisbar lo que va a suceder y cómo afectará al ejercicio de la 4ª transformación, la realización de sus programas, objetivos y fines, y si se afectara negativa o positivamente la imagen del Presidente y de su gobierno en la percepción de los ciudadanos, además en una clave electoral que ya es de mediano plazo.

Al llegar a este punto, parece que si el Presidente y el Gobierno de México, logran una moderada y buena gestión del conflicto (lo que parece más probable), incluso en un escenario de actuación agresiva por parte del país “americano”, al menos políticamente, resistirán el embate e, incluso, podrán resultar con un envión en la opinión pública nacional en el corto y mediano plazo (en especial el Secretario de Relaciones Exteriores), máxime si se toma en cuenta el sentimiento histórico nacional adverso al país de la bandera con barras y estrellas.

Pero del otro lado, una mala gestión del conflicto (lo que parece menos probable, pero no imposible), sin duda afectaría negativamente todo el proyecto de la 4ª transformación, la imagen del Presidente, de su Gobierno y los resultados de los procesos electorales que ya no están lejanos (las elecciones intermedias y la revocación de mandato).

Más, en uno o en otro escenario, queda claro que la postura que asuma el gobierno de arriba del “Río Bravo” (incluso, viéndose al ombligo) afecta de manera esencial la vida de nuestro país, incluida la política, y ante eso, valdría la pena preguntarse si los estrategas “americanos” (que para nada son ingenuos, ni tontos) son conscientes de dichas consecuencias y, en especial, de las consecuencias políticas que en uno o en otro caso se pueden seguir para el Presidente y el Gobierno de la 4ª transformación.

Este filón del análisis, aunque es una mera idea de trabajo, muestra que la amenaza arancelaria puede tener repercusiones políticas importantes en nuestro país, los americanos ¿Las tomaron en cuenta? ¿Las toman en cuenta? ¿Las tomarán en cuenta?
Y esto es relevante que se cuestione, porque, dependiendo de la percepción que tengan del Presidente y del Gobierno de la 4ª transformación, quizá incidan en la vida política del país en uno o en otro sentido, con fines utilitarios, más que pragmáticos, porque México es un país vecino y tiene un peso específico la relación binacional (también con Canadá) y en el escenario Latinoamericano.

Parece, pues, que en el desencuentro aranceles-inmigración, está en juego mucho más que una relación comercial o una sola (re)elección (la del Presidente eternamente bronceado o anaranjado) está en juego también una buena parte de la vida política del Presidente tabasqueño, de su gobierno, de los futuros desarrollos políticos nacionales y parte de la vida política del continente.

Durante la Revolución Mexicana de 1910, los “gringos” incidieron en su resultado final, por ejemplo, vendiendo o negando la venta de armas a unos u otros grupos insurgentes; ahora, hoy son los aranceles y los migrantes, lo que ya está afectando no solo nuestra economía, sino nuestra vida política, y puede ir a más.

Así de triste, así de real. El “juego” y sus consecuencias, siguen.