La Paz es la gran prioridad de México. Es tarea del gobierno animar y coordina el esfuerzo de ciudadanos y organizaciones.

 El señor arzobispo Carlos Garfias vivió una época violenta en Acapulco. Luego pasó a la diócesis de Morelia convulsionada por el crimen asesino. Fueron los tiempos de los Autodefensas y de la intervención del gobierno federal y estatal.

Manuel Andrés se echa el compromiso de acabar con la violencia y restablecer la paz.

Desde hace décadas, los mexicanos vivimos en la violencia, sin Estado de derecho, en una guerra intestina por la presencia del crimen organizado y el tráfico de droga. La Paz sólo existe en los discursos y buenos deseos de los gobernantes.

Se ha perdido el respeto de los grandes valores, empezando por la vida, es increíble e inaceptable como se asesina tan banalmente. ¡La vida de un hermano, hijo de Dios!

Los policías dejan hacer, algunos son cómplices y protectores de los criminales. el sentir de la gente es que no se aplica la ley, no hay Estado derecho, la corrupción es horrible.

Hay hechos escandalosos, abominables, increíbles: la policía entregan al crimen organizado a quienes los denuncian.

Sueltan a los grandes criminales, asesinos y defraudadores no porque sean inocentes sino porque está mal armada la averiguación. Qué aberración.

La gente siente que vive en un país sin ley, en total desamparo, a merced de los criminales poderosos y sanguinarios.

El presidente esta mareado por el poder, tiene desplantes mesiánicos y vive, como ninfómano en el mundo de sus ideas gloriosas, desconectado de la realidad problemática que sufrimos todos.

Sea exacerbado el presidencialismo, el mandatario piensa que el sólo va a resolver los problemas. Siente que él va ser todo, que la chusma no sirve para nada.

Se gobierna con una visión errónea, inaceptable. En una democracia, el poder reside en el pueblo, todos somos agentes del cambio. Todos somos responsables de nuestro destino.

La tarea del Estado no es suplir al pueblo sino coordinar y animar los esfuerzos, específicamente en la construcción de la paz. Si valoraran el potencial inmenso de más de 120 millones de mexicanos, su riqueza espiritual y moral y su potencial para construir un México en paz.

Están olvidando y despreciando la gran fuerza de las organizaciones no gubernamentales. El potencial del Iglesia es de una fuerza de transformación inimaginable, no se puede desaprovechar.

La sabiduría de la Iglesia y de las instituciones es profunda y añeja. Es una riqueza de ideas que ayudarían mucho a un gobierno pragmático, que tiene recetas pero sin un modelo de gobierno, sin un sistema de valores, una filosofía, un ideal.

El hombre es espíritu no es sólo animal una máquina, o  dispositivo.

Es indispensable el sustento de una visión integral y de la dimensión más noble del ser humano, la espiritual.

Sin esta visión integral, las reformas de los tecnócratas y sus programas, ciertamente van a fracasar, como cae el miope, el ciego en el camino.

La Iglesia católica y las otras iglesias constituyen un sustrato riquísimo de valores y tienen una visión integral del ser humano. En Dios, se entienden claramente los problemas y aparece nítido el destino del hombre.

La Iglesia puede aportar una visión integral del ser humano asumiendo la parte olvidada del hombre, la dimensión espiritual y moral, donde se juega el éxito o el fracaso total de un pueblo espiritual dotado de inteligencia y libertad…

Con los mismos hombres corruptos, mañosos, criminales México no se mueve hacia la paz.