La naturaleza de las relaciones de producción del sistema capitalista mexicano en el cual vivimos y muchos sobrevivimos, no se modificarán con ocasión de la 4ª transformación anunciada una y otra vez, así que no hay, ni habrá un cambio en ese sentido, sino, como dice el eslogan del gobierno, habrá una transformación, un cambio de forma, una mutación de un gobierno a otro, en la forma de hacer política, sin afectar la esencia del sistema capitalista mexicano.

De hecho, medidas como el adelgazamiento del gobierno del estado (eliminación, absorción o modificación de órganos públicos); los nuevos parámetros salariales para los servidores públicos de alto y bajo nivel; el despido de trabajadores (ilegítimo o no); la relativa estabilidad en el precio de las gasolinas que sí aumentarán (pues aumento es aumento, aunque sea nominal asociado al índice de inflación); la lucha contra la corrupción (una lucha necesaria en todo caso); la obra del “Tren Maya”; la omisión de tipificar nuevos impuestos; entre otros actos y hechos, todo ello se armoniza con la visión de un estado y una economía liberal (menos estado, más mercado).

Por esa razón y por otros motivos de poder o estrictamente políticos, es que, por ejemplo, el EZLN se ha pronunciado en contra del “Tren Maya” (aunque puede cambiar de postura, según los convencimientos) porque desde la óptica zapatista (auto asumida de izquierda) la gran obra del “Tren Maya” se aproxima a la visión alienada de los pueblos y comunidades originarios que procura que se “integren” al estilo de vida del resto del país y esa misma visión no zapatista ve las tierras, el agua, los bosques, los recursos en general, con un perfil “turístico” o con un sentido de utilidad económica, no de conservación, ni de rescate o reivindicación. Los zapatistas tienen pues, al menos en el discurso, una visión más radical que el gobierno en funciones frente al sistema de producción mexicano.

Y es quizá también por lo anterior, que el gobierno morenista convive aceptablemente, con sus más y sus menos, con los grupos empresariales, como asesores sin sueldo (dueños de líneas de transporte aéreo y televisoras, por ejemplo) plenamente integrados al gobierno (en persona, como en el caso del dueño de las tiendas de conveniencia que hay en cada esquina; o a través de otros personajes, pero que encarnan el interés de otras televisoras) o en relaciones de “necesidad” para las prestación lícita de bienes y servicios.

¿Más de lo mismo? La respuesta depende del ángulo que se adopte; pero, si se deja a un lado que el sistema mexicano de fondo permanece (el capitalista) o se refina, y solo se analiza al gobierno actual (no al sistema) lo poco que tiene en funciones y con base en una proyección anticipada si sigue igual, lo que se tiene ante la vista es la supervivencia de elementos de lo que ahora se llaman gobiernos y política anteriores, con los elementos del nuevo gobierno y su “nueva” forma de hacer política.

Del esquema del gobierno anterior, permanece casi intacta la estructura y organización de antes, con variaciones de funcionamiento; se mantiene en lo general, la relación del gobierno con los grupos económicos; varias de las líneas de política pública económica (macro) siguen en sus términos; el debate interno por el poder, sigue, pero ahora es visible en MORENA; la relación general del gobierno nuevo con la ahora oposición y antes gobierno es en general la misma (a guisa de ejemplo, recuerde el papel del PRI en tiempos de Fox y que el PRI, no le permitió transitar ciertas reformas y sin que ello implique mi simpatía por Fox).

Han cambiado, sin embargo, los acentos de la política pública, de manera señalada en cuanto al tema social; al sentido de la eficiencia/eficacia en la asignación y el ejercicio del gasto; al cuestionamiento de la estructura de gobierno, orientada más al modelo clásico de tres poderes y menos órganos constitucionales autónomos equiparados a ellos; y también se va perfilando una nueva relación inter-poderes, en especial con el judicial y de la Presidencia de la República con los gobiernos locales; en las relaciones con los medios de comunicación y las redes sociales (a través de ellos, con los ciudadanos) todo esto por ejemplo.

Los de antes y los de ahora (contrarios entre sí) están pues unidos en el sentido de que forman parte de una unidad mexicana, luchan intestinamente y las nuevas mayorías, parece que producirán, como ya están produciendo, un nuevo gobierno y forma de hacer política, sin cambiar el sistema, pues el sistema es el piso común.

Y esto, como se decía en un inicio, al menos al día de hoy y si no cambian las cosas, es muy compatible con la filosofía del sistema de capitales en el cual vivimos; pero de forma más refinada en la realidad.

Eso se dice, porque se cansa uno de leer y escuchar que México tiene una economía de libre mercado (neoliberal) impulsada desde los años 80; pero la verdad es que esa economía adjetivada de libre mercado parece todo, menos de neoliberal (como no sea en la retórica) pues el propio Estado Mexicano, al “abrir la economía nacional” en los años 80 y siguientes, propicio que agentes económicos se adueñaran monopólicamente de los mercados en el país (piense en los teléfonos, en las vías férreas, en quién compra la producción nacional de los frutos rojos, en quién compra la producción del país de aguacate y así por el estilo) así que no se ha “vivido” en la realidad una economía de libre mercado, ya que realmente, históricamente el estado no propició la competencia, sino la existencia de monopolios, monopsonios u oligopolios en los rubros básicos de la economía nacional.

Quizá esto se modifique o reforme “paradójicamente” en un gobierno de democracia social y tendencia de izquierda como el que ahora tenemos y subrayo, quizá “paradójicamente”.
A la manera de entender de quien escribe, esa es la dialéctica del “nuevo” estado de cosas, sin dejar de recordar que en este “nuevo” estado de cosas, ya vive y late lo que será en el devenir de los años el nuevo gobierno y forma de hacer política post-morenista.

En palabras que podrían ser de K.M., seguiremos con la misma cadena, pero el grillete será distinto, más holgado, menos molesto.

Feliz año 2019.