Sólo queremos el bien de México, la transformación buena en el orden moral establecido por Dios, con justicia y verdad.

El presidente rechaza mayor protección afirma: el que obra con justicia, nada teme.

Sólo que la justicia no depende de la decisión autoritaria del que manda sino del orden moral establecido y garantizado por Dios.

La autoridad permite que algunos profes subversivos tomen las vías férreas e impidan la circulación de las mercancías y dañan a millones de ciudadanos inocentes y cada piel causan daños ni pérdidas de miles de millones de pesos .

Por decisión autoritaria, el presidente apoya su delito, abrir “ porque no vamos a reprimir a nadie, no somos represores”.

Corrupción es no aplicar la ley de manera universal, dejar impunes los delitos y, por lo mismo dañar los derechos de los ciudadanos honestos, inmensa mayoría.

El líder de la sección XVII de la CNTE, Zavala, hace alarde de aplomo inteligencia y defiende las conquistas, no siempre justas de los profes. Es muy celoso del bien, en pesos de su gremio.

Pero no dice, tan celoso de las prestaciones y ventajas, conforme a derecho o no, de su gremio no asume la responsabilidad de reparar los miles de millones de pesos, daño que causaron a terceros y a la sociedad con sus actos vandálicos.

Es lamentable que para nada se preocupen de un daño más grave en la educación de las nuevas generaciones. Muestran que eso no les importa en lo más mínimo, no aman a los niños, no son maestros sino mercenarios y agentes del sindicato.

Son muy justos, pero el buen juez por su causa empieza. Ellos no cuestionan como defienden el dinero para cubrir sueldos que no devengaron, porque están en la calle y no en los salones, porque no pagan con justicia el tiempo los niños, porque la educación que imparten es de las peores en México y el mundo. El presidente los apoyó para construir su cuarta Transformación

Para creer en la Transformación, en todos los bienes que nos prometen, en el paraíso que anuncia el mesías político o tlatoani, se necesita conocerlo, limpiando la costra de tantas palabras, promesas y halagos de la persona. Hay que quitar las capas de basura y tierra hasta encontrar el suelo firme.

Hay que evitar caer en las redes del populismo, el líder se presenta con una imagen toda ternura, amor y paz. Basta voltear a Hugo Chávez, Maduro, Daniel Ortega. Su pueblo cayó en el engaño estamos viendo que lo llevaron a la hambruna, la tiranía, la sangre derramada.

Queremos el cambio. Queremos creer en el presidente y la clase dirigente pero no podemos no ver la astucia, la trampa y las catástrofes que vienen para el pueblo gobernado y humilde.

Queremos el cambio, éste comienza por la persona.

El hombre debe morir al pecado y los vicios del viejo yo.

Es la conversión radical, de 180°, un hombre sin orgullo, soberbia, malicia, egolatría. Dejar de estar centrado en su “yo”, el poder absoluto y eterno para saciar su obsesión de poder, también eso es corrupción.

El individuo debe renunciar a su vida de corrupción, mañas y mentiras. Debe asumir sus crímenes pasados y dar muestra de que se arrepintió y cambio de actitud para abrazarlo de nuevo: muchos actos de corrupción, de mentira, el vandalismo para impedir que tomara posesión Felipe, el Paseo de la Forma tomado y muchos actos más, necesitamos activar la memoria histórica y no soltar el pasado de los dirigentes, casi todos venidos del PRI y del PRD.

Si no renacen no podrán construir el México nuevo que pregonan

En un renacimiento doloroso, el hombre debe renacer a un ser nuevo, de virtudes: humildad, honestidad, sinceridad… Hay que rescatar virtudes, especialmente urgentes en este momento: sinceridad y coherencia con la gente, no ocultar los verdaderos móviles, de poder, riqueza, aplausos.

Urge el respeto a la gente, no aprovecharse de su ignorancia y sencillez, no infantilizarla con cuentitos de hadas y paraísos prometidos, no hacerles sentir que él puede todo con su palabra, respetarlos y tratarlos con dignidad, como a iguales del presidente y soberanos del presidente.

Un presidente que no se busque a si mismo, que se vuelva a buscar el bien de los pobres.

Que deponga su actitud de vanidad sutil y disfrazada, soberbia, gloria (hacer historia), obsesión del poder y fije su atención en el pobre para conocer sus necesidades y entregarse a resolverlas gratuitamente.