No podemos estar a favor de un crimen por ligereza e ignorancia, debemos referirnos a Dios, a las leyes y optar por el bien.

A través de los grandes medios de comunicación hemos asistido a la legalización del aborto en el estado de Oaxaca. Rostros desencajados que vociferaban a favor del aborto. También se vieron imágenes de personas que estaban en contra.

Los legisladores decidieron sin tener en cuenta los valores tradicionales y la cultura de la gran mayoría de Oaxaca, muchos de ellos sin voz. Votaron en favor de MO–NA no de México.

Los encuestadores han retomado el tema, así Adrián Villegas. Aumenta-afirma el- el número de los mexicanos que están a favor de un asesinato que ellos llaman con el eufemismo de interrupción del embarazo. Si están tan seguros porque no llaman las cosas por su nombre, aborto.

Los partidarios de este crimen de lesa humanidad deciden muy a la ligera, por su olfato, su gusto o la moda sin argumentar con razones de fondo. No hay una referencia a Dios, creador del hombre y garante del orden cósmico. ¿Qué hacen de los valores de la fe, el código de moral, la ciencia? ¿Qué vale su opinión en estas condiciones?

Muchos manejan sus posiciones de una manera astuta y falaz. Es disfrazar el problema llamarlo interrupción del embarazo, es una aberración hablar de los derechos que las mujeres tienen sobre su cuerpo. Ni pueden atentar contra su cuerpo ni la criatura es parte de su cuerpo. Es una persona desde el momento de la concepción como lo afirma la ciencia.

Se aducen como causa la violación cuando por otro lado se promueve el libertinaje y llenan la vida de imágenes provocativas y se ha perdido el pudor. El problema de las concepciones no deseadas, la sociedad misma lo propicia por su vacío de valores, la promoción del sexo irresponsable y fácil y las campañas del placer con el sexo seguro sin relacionarlo con la persona humana integral, sin la madurez afectiva, social y biológica. Indirectamente promueven las relaciones de homosexuales y la violación de menores y otros excesos.

Se aducen los casos de deformaciones en los fetos. No hay derecho de asesinar a una persona ni en esos casos. Ha habido personas que nacieron disminuidas y han sido mejores que muchos que nacieron enteros como Helen Keller y muchos otros.

Los principios que norman la conducta del ser humano, inteligente y libre no tienen excepción como las leyes metafísicas. No son negociables. No se puede atentar directamente contra la vida de un ser humano, indefenso.

Cuando se desobedecen y se quebranta el orden moral, el hombre queda indefenso, expuesto a los más grandes crímenes como los asesinatos que ahora se cometen con una frialdad espantosa y con una facilidad escandalosa.

Por ninguna razón se puede atentar contra la vida de un feto, aunque sea un mal que se tolera para alcanzar un bien como la vida de la mamá o sus proyectos de vida sin molestias.

No se puede asesinar un hijo por razones banales, que se asimilan a los caprichos. Nadie es libre de hacer el mal porque va contra el orden establecido y la sabiduría de Dios.

Con el aborto fácil se trae el bien a la mujer embarazada y a la sociedad sólo aparentemente. Se abre la puerta a males mayores que destruyen a la persona y degradan la convivencia social como apreciamos en esta descomposición social, indefensión, impunidad, homicidios, atracos, engaños.

Para una vida digna y tranquila hay que resistir a las salidas fáciles y engañosas y seguir la ley divina y natural que guardan al hombre.