Por: Cristian Ruiz/@crisruizr1

Pátzcuaro, Michoacán (MiMorelia.com).- Las flores de cempasúchil, las calaveras de dulce, el pan y las velas volverán a tapizar los panteones de la zona lacustre de Michoacán en espera de que los seres queridos que perdieron la vida visiten sus tumbas y acompañen a su familia, que instala un altar cada 1 y 2 de noviembre.

Esto es la Noche de Muertos, la tradición michoacana que ha logrado traspasar fronteras con el paso de los años, al grado de que Disney Pixar estrenó Coco, una película basada en esta celebración y que en 2008 fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.

Los orígenes de la Noche de Muertos datan desde las culturas prehispánicas, como los mexicas y aztecas, quienes realizaban rituales para honrar a sus guerreros muertos con sacrificios y danzas.

Tras la conquista española, la unión de las creencias indígenas se fundió con el catolicismo para forjar un carácter religioso único, colorido y que conservó en cierta forma los recuerdos ancestrales de las viejas tradiciones precolombinas.

Noche, Muertos
(Foto de ACG)

A partir de ahí comenzaron a realizarse en Janitzio los primeros altares de muertos, ya que los purépechas tenían la creencia de que en el lago de Pátzcuaro habitaban algunos espíritus que regresaban de un lugar llamado Cumiehchúcuaro, reino de los muertos, y convivían por dos días con los vivos en una tradición que llamaron Animecha Kejtsïtakua (ofrenda a las ánimas).

Con el paso de los años, Pátzcuaro, Tzintzuntzan, Janitzio, Comachuén, Cucuchucho, San Lorenzo y otras comunidades de la zona centro del estado se sumaron a esta tradición, con la instalación de altares en la espera de que sus seres queridos regresen del más allá, vean sus avatares y sepan que no han sido olvidados.

Los elementos de los altares de muertos pueden variar, pero siempre deben contener flor de cempasúchil, que representa un símbolo de luminosidad para marcar el camino de regreso a todos los difuntos, junto a velas que alumbran su camino.

Otro de los elementos más apreciados en el altar es el pan de muerto, que solamente se prepara durante esta época del año, y es conformado por algunas canillas que se unen en el centro haciendo referencia a los huesos, con un círculo en la parte superior que asemeja un cráneo.

Noche, Muertos
(Foto de ACG)

Cada altar debe llevar la fotografía del difunto, junto con algunos alimentos que en vida degustaba, cigarros o alcohol, así como alguna pertenencia suya.

A su vez, el copal es uno de los elementos que se utilizaba desde los primeros rituales con la creencia de que limpia y purifica las energías de un lugar. Finalmente, se suma un vaso de agua, que representa el alma del difunto.

Con todos estos elementos, los panteones brillan en coloridas noches entre nostalgia y reflexión sobre la vida del primo, tío, hermano o padre que ya no está con los vivos.

El 1 de noviembre se conmemora a los niños o, como los habitantes los llaman, “angelitos”, y el 2 a los adultos, que espiritualmente regresarán por una noche. Se revive la economía.

Noche, Muertos
(Foto de ACG)

Solamente el año pasado, Michoacán registró la asistencia de 137 mil 965 turistas y visitantes del 28 de octubre al 2 de noviembre, de los cuales el 85% se concentraron en Pátzcuaro y Janitzio; el resto visitó Tzintzuntzan, Comachuén, Cucuchucho, Morelia y Uruapan.

La derrama económica fue de 113 millones de pesos, entre hotelería, restaurantes, transporte y otros servicios turísticos.

La secretaria de Turismo de Michoacán, Claudia Chávez López, detalló que cerca del 20 por ciento de los turistas que acuden a finales de octubre y principios de noviembre al estado son extranjeros, sobre todo de Estados Unidos y Canadá, quienes visitan los panteones de la zona lacustre del estado para presenciar una tradición cuya fama traspasa fronteras.

ljcr