Cristo, el mejor maestro, hace sabios que van por el mundo desprendidos, compartiendo con los demás, libres ante las seducciones mundanas.

 En tu vida. El filósofo Camus afirma en La Peste: cuando hay tantos que sufren ¿podemos todavía ser felices?

¿Cómo podemos tener lujos y derrochar, desperdiciar, cuando las mayorías pasan hambre?

Dios habla. Estamos sumergidos en la historia de la salvación, el plan se cumple, podemos seguir a Cristo, la salvación está a nuestro alcance. Avanzamos hacia la consumación y la gloria cuando Cristo venga al final del mundo.

Podemos perder la salvación. Es el asunto más importante y el más difícil. Por eso, debemos escuchar la Palabra de Dios: “te lo ordeno, que cumplas fielmente todo lo mandado hasta la avenida de Nuestro Señor Jesucristo… El bienaventurado y único soberano”.

Es perversa la actitud de los ricos que tienen tantos excesos absurdos, que se hacen insensibles, deshumanizados y voltean la cara ignorando al hermano que quiere subsistir y recuperar su salud. Podemos tener actitud de ricos con los bienes que Dios nos concede.

El problema acompaña al hombre desde siempre. En tiempo de Amós ya era antiguo. El profeta los subraya con realismo, energía, abiertamente:

Hago una paráfrasis: se acuestan sobre colchones de lujo y muelles almohadas. Se comen lo mejor de las carnes y de los frutos, buenos restoranes carísimos con música en vivo. Están ahogados de borrachos con vinos de importación que cuestan miles de pesos. Se ponen cremas y perfumes costosos “pero no se preocupan por las desgracias de sus hermanos”.

Estas injusticias van muy de acuerdo con la soberbia y privilegios de las clases favorecidas. No captan la gravedad de su injusticia, los pobres son algo tan insignificante para ellos. Están muy lejos del mundo del dolor y lejos del Reino.

El caso del rico de la parábola es patético para Lázaro y escandaloso para el fiestero y derrochador.

En este mundo no se ve para cuándo se conviertan de su dispendio muchos ricos y los miserables alcancen lo indispensable para una vida digna: alimento, medicamentos.

Recordemos la doctrina de los teólogos franceses, la inversión de situaciones en el juicio de Dios: los ricos sufren horriblemente y los pobres gozan y son consolados. El rico está en los tormentos de las llamas y Lázaro goza al lado de Abraham.

El Señor es un Dios todo ternura y de su cuidado de los pobres, es el modelo. La parábola de Jesús revela la justicia de Dios para el pobre y su reivindicación y para el rico corrupto y su condenación a tormentos insoportables y eternos.

El salmo describe a Dios, es un retrato del amor de Dios por los pobres y de su cuidado. “El señor es quien hace justicia al oprimido; proporciona pan a los hambrientos y libera al cautivo. Abre el señor los ojos de los ciegos y alivia al agobiado… A la viuda y el huérfano sustenta…”

Los creyentes debemos confiar en un Dios todo ternura y en sus promesas y no en acumular riquezas mal habidas. La fe hace sabios que no amontonan riquezas y comparten todo lo que tienen con los más necesitados.

Su seguridad la tienen en Dios que les dará la felicidad y la plenitud definitivas que buscan.

Vive intensamente. Necesitas la conversión: confía plenamente en el señor, no en los bienes materiales, comparte todo con el pobre.

Cristo está aquí. Cristo te invita a recapacitar para confiar en un Dios que no falla y vivir caritativo y libre.