areli navarrete mimorelia

Hace algunos meses comentaba en esta columna lo importante que resulta la información en la toma de decisiones, las cuales en ocasiones cubren aspectos personales tan sensibles y significativos como es nuestra salud.

El motivo fue la reforma a la Ley General de Salud (2019), relativa al etiquetado de alimentos y bebidas no alcohólicas, que implica nuevas reglas en las etiquetas de productos comestibles; por ejemplo, la relativa al señalamiento a través de un octágono en la parte frontal del producto, de gran tamaño, fondo negro y la leyenda “alto en”, sobre el contenido de azúcares totales, grasas saturadas o sodio.

Los debates al respecto se han mantenido todo lo que va de este año, a los que se han sumado más de 30 amparos que demuestran que en el país sigue prevaleciendo el deseo y egoísmo de mantener altas ventas, a costa de la salud de los consumidores.

Es cierto, es posible advertirlo cuando se acude al supermercado, no es atractivo un producto con cuatro sellos negros, porque eso representa que afectará de cuatro formas diferentes a tu cuerpo. En atención a esto, los productores tienen que entender que las personas tenemos derecho a elegir de manera informada, de cambiar nuestro estilo de vida, lo que tendría que ser su nuevo objeto de análisis para crear mejores productos.

Las etiquetas son claras, uno no tiene que leer el apartado de “Información nutricional” e “Ingredientes” para percatarse de que el producto a consumir puede causar estragos a la salud, y en realidad esto representa ahora un proceso; se está formando una nueva cultura en los mexicanos, se espera destruir malos hábitos que han costado tantas muertes y mala calidad de vida.

En la Encuesta Nacional de Salud 2018, la Secretaría de Salud, el Instituto Nacional de Salud Pública y el INEGI reportaron que 15.2 millones de personas de 20 años en adelante fueron diagnosticadas con hipertensión arterial, y a partir de esa edad también los problemas de sobrepeso y obesidad se agudizan, sumados al aumento en los diagnósticos de diabetes.

Las estadísticas muestran una realidad que, en este caso, sí podemos cambiar; las epidemias por enfermedades no transmisibles pueden prevenirse y, en muchos casos, corregirse (ejemplo, el sobrepeso), lo que se puede lograr haciendo valer nuestro derecho de estar informados.