Para salir de tantos males necesitamos convertirnos, cambiar el objeto de nuestros deseos y la persona a quien nos confiamos.

En tu vida. Juan y sus vecinos están angustiados por la corrupción, impunidad, soberbia y falsedad de los gobernantes.

Mientras no cambien el corazón del hombre, el objeto de sus deseos y no se convierta la clase dirigente no avanzarán.

DIOS HABLA. México tendrá la experiencia de salir de la crisis y construir un país justo, cuando vaya a la raíz del problema, realice la conversión del corazón, como señala Jesucristo.

Habrá mejores condiciones de vida, una vida honesta y sabia, iremos saliendo de la corrupción, con todas sus manifestaciones dolorosas de injusticia, desigualdad social, miseria de los pobres, cuando nos guíe Dios con sabiduría y su mano firme.

Dios nos invita a cambiar el objeto de nuestros deseos. Buscamos bienes que brillan como el oro, que producen placer intenso pero que fallan: duran un instante y no satisfacen la sed del hombre integral, espíritu y cuerpo.

Debemos ser capaces de poner nuestro bien y todo nuestro corazón en bienes invisibles a los ojos mundanos.

Los bienes que nos ofrece la sociedad mundana parecen llenarnos, ser eternos y darnos la felicidad y la plenitud que sacian nuestra sed congénita. Pero son engañosos y nuestro deseo de plenitud renace siempre y nos tortura.

Finalmente, los comerciantes y los líderes del mundo nos ofrecen bienes y servicios que satisfacen plenamente nuestro deseo. Es falso, la satisfacción dura un instante, a ellos no les importa la persona sólo sus jugosos negocios.

Buscamos la plenitud, la felicidad, la gloria, la inmortalidad, debemos encontrar el bien carnal se rebela al hombre celeste, renovado por Jesucristo, elevado al mundo nuevo. Ahí los bienes no engañan dan la satisfacción que deseamos y duran eternamente.

A la luz del Bien verdadero, podemos dejar de correr desesperadamente detrás del dinero, los placeres del cuerpo, las fiestas de canciones ebrias y de mucha risa. Hemos de renunciar a esos bienes.

Es sabia y contundente la palabra del Mesías, sabiduría y verdad de Dios: “¡ay de ustedes los ricos que ya tienen ahora su consuelo! ¡Ay de ustedes los que están hartos ahora porque después conocerán la hambruna! ¡Ay de ustedes los que ríen ahora porque llorarán de pena! ¡Ay de ustedes cuando todo el mundo los aplauda…!”

Hay que poner toda la confianza en alguien muy grande, muy fiel, que nunca falla. Cristo ha enseñado a poner toda la confianza en Dios. Jeremías anuncia: “bendito el hombre que confía en el señor y en él pone toda su esperanza”.

En cambio, no se puede confiar en el hombre, así sea el presidente o el millonario, el pueblo de Dios está cansado de promesas, de esperar y sigue en la insatisfacción. Los que confían en el hombre conocerán la burla, el engaño, la frustración. Siempre quedarán en su insatisfacción.

Los que ponen su confianza en Dios y siguen con humildad sagradas leyes lo tendrán muy cerca. Rezamos en la oración: “Señor Dios que prometiste poner tu morada en los corazones rectos y sinceros, concédenos vivir de tal manera que te dignes habitar en nosotros”.

Expresamos nuestra confianza en Dios: “sírvenos de defensa, Dios mío, de roca y fortalezas salvadoras”.

 Vive intensamente. Para vencer la corrupción y tener la justicia, el estado de derecho, la vida digna, pon tu confianza en Dios.

Cristo está con nosotros. Cristo está aquí, nos alimenta con su palabra y bajo los signos sagrados del pan y del vino.

En familia. Las familias de creyentes necesitan dejarse guiar por Cristo y no por locutores y  el comercio.