Por: Víctor Americano/@americanovictor

“Ad triarios ventum est”, citaba el refrán en latín al explicar que, al llegar los triarios, la victoria era segura. Instalándonos en la época romana, los triarios eran los soldados de élite, que iban en la tercera línea de combate, detrás de los pilati y los bastati y, por ser los más experimentados, garantizaban una victoria, por lo cual es una de las versiones más convincentes de “la tercera es la vencida” o “a la tercera va la vencida”.

Y resulta que al presidente entrante, Andrés Manuel López Obrador, le viene de maravilla la frase antes citada, ya que en su tercer intento para lograr la primera magistratura del país, lo logró. Tras 18 años de intentarlo, AMLO venció en las urnas de manera contundente, y este 1 de diciembre se ha investido como presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, y lo ha hecho con un discurso digno del análisis y con la entrega del bastón de mando de los pueblos indígenas. Así, de manera histórica, inédita y contundente. Pero vayamos por partes.

AMLO el maderista
“Soy maderista y partidista del sufragio efectivo y de la no reelección”. “Bajo ninguna circunstancia habré de reelegirme. Al contrario, me someteré a la revocación de mandato. En dos años y medio habrá una consulta y se le preguntará a los ciudadanos si quieren que el presidente de la República siga en el cargo”, dijo en su discurso López Obrador.

Lo anterior fue algo de lo novedoso, ya que jamás había comentado que no se iba a reelegir; es más, una gran cantidad de analistas y de politólogos juraban que AMLO incluso podía llegar a cambiar la Constitución para eternizarse en el poder. Esos detractores que durante años enteros lo estuvieron comparando con Hugo Chávez una y otra vez, seguramente se quedaron atónitos al escuchar las palabras de López Obrador al respecto. Y es que con esa frase, prácticamente arrancó la sucesión presidencial de 2024, al descartarse en automático y concentrarse en resolver los complicados problemas por los que actualmente atraviesa el país.

¿Será que lo dijo convencido de que es lo mejor? ¿Será que el actual presidente pudiera cambiar de opinión de aquí a 6 años? Sólo el tiempo nos lo dirá, pero lo cierto es que necesitamos cerrar filas, pero al mismo tiempo estar muy atentos a que, desde el primer día, implemente a fondo y sin simulaciones su tan famoso precepto “no mentir, no robar y no traicionar al pueblo”.

En el contenido del discurso, el tema de la lucha contra la corrupción fue de los más mencionado; AMLO señaló muy puntual varias cosas:

No tengo derecho a fallarles
“Acepto el reto y los invito a participar a celebrar juntas y juntos el esplendor y la grandeza futura de nuestro querido México”. “Mi honestidad es lo que estimo más importante en mi vida. Estoy preparado para no fallarle a mi pueblo. No tengo el derecho de fallarles”. “Como lo hemos repetido durante muchos años, nada ha dañado más a México que la deshonestidad de los gobernantes y de la pequeña minoría que ha lucrado con el influyentismo”, mencionaba el presidente oriundo de Tabasco.

Debo confesar que estas líneas, en lo personal, me preocupan mucho. Y es que en mis años de reportero he cubierto las investiduras presidenciales de varios Ejecutivos federales, entre ellos Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Y el más claro ejemplo de un grito al unísono de ¡no nos falles! fue con Fox, cuando se proclamó presidente electo en el Ángel de la Independencia atiborrado de gente. Vicente Fox escuchó el grito de la multitud que alzaba los puños:”¡No nos falles! ¡No nos falles! ¡No nos falles!”, y ya sabemos qué pasó. Un presidente legitimado en las urnas, con los más altos excedentes petroleros y con resultados que serán juzgados por la historia. Así que esa frase de AMLO de “no tengo derecho a fallarles” debe ser tomada con mucha responsabilidad y aplicarla a todos los mexicanos y, sobre todo, a sí mismo.

Dentro de los temas contra la corrupción y la impunidad, AMLO fue muy claro, incluso en cuanto a diversos delitos que no son considerados como graves y que alcanzan fianza, pero lo siguiente fue muy contundente:

Se acabará con la corrupción y la impunidad
“Dejo en claro que si mis seres queridos cometen un delito, deberán ser juzgados como cualquier otro ciudadano. Yo sólo respondo por mi hijo Jesús, por ser menor de edad; en cuanto a mi persona, he promovido desde hace años la reforma al artículo 108 de la Constitución para eliminar la impunidad y el fuero a los altos funcionarios públicos, empezando por el presidente de la República, quien ahora, según una iniciativa que hoy estoy enviando al Senado, podrá ser juzgado como cualquier ciudadano por el delito que sea, aún estando en funciones”, señalaba el Presidente.

Fuertes palabras: aplicar la ley sin distingos, que cualquiera, incluyendo sus familiares, que cometan un delito, sean castigados. Y, dicho sea de paso, si AMLO de verdad implementa una lucha sin cuartel contra actos de corrupción, tanto en la función pública como en la iniciativa privada, sería tan bienvenida como plausible; sin rayar en el populismo ni en cacería de brujas, el nivel de corrupción e impunidad, si es insostenible.

Creo que todos los que amamos a México y trabajamos a diario para sacar adelante a nuestros hijos, deseamos de verdad que a AMLO le vaya bien y que de verdad logre el desarrollo de nuestro país y la erradicación de la corrupción e impunidad. Los ciudadanos de bien, rechazamos tanto a gobernantes y legisladores corruptos como la inequitativa aplicación de la ley. Es cierto, señor Presidente, retomando sus propias palabras, no tiene derecho a fallarnos.

AC