Dios está presente en el mundo y se manifiesta con frecuencia, hay que tener fe y estar atentos para que se manifieste a nosotros.

 

En tu vida. Una mujer creyente rezaba con fervor porque su hermano llevaba años queriendo pasar al Norte y no había manera.

El Señor Jesús respondió: el hombre saltó el muro, pasó entonces la patrulla fronteriza, El Señor lo cubrió, los agentes no lo vieron.

DIOS HABLA. El hombre fue formado por las manos de Dios y va a regresar a sus brazos. Le encantan las apariciones del cielo y le atraen poderosamente.

El universo empieza en una teofanía cuando Dios crea el universo y se termina en una teofanía, con el señor cogen el cielo a los que mueren.

Dios está presente en el universo, podemos sentirlo muy cerca, el cielo se toca con la tierra, se confunde con ella. Los indígenas vivían esa continuidad, vivían en las dos dimensiones del cielo y de la tierra.

Dios se manifieste siempre a los hombres en la historia de la Revelación hay grandes teofanías: en el jardín del Edén, en el país de Abraham, en el Horeb, en el país de Jesús.

Una de las grandes y maravillosas teofanías de la Biblia, se lee en el profeta Isaías. Isaías contempla el trono majestuoso de Dios, los serafines, la liturgia celeste y el canto, el temor sagrado de Isaías y su compromiso con el gran Dios: “aquí estoy, Señor, envíame”.

Cristo no es una teofanía porque su divinidad está velada por su humanidad, tiene el aspecto de hombre pobre, de su cuerpo, en su rostro tienen las marcas del viento, del sol, del trabajo intenso.

Sin embargo, hay muchas teofanías en el Evangelio, San Lucas nos pinte una en el lago, sencilla y transparente en su grandeza.

Los discípulos, pescadores trabajaron con las redes toda la noche y no sacaron nada. Confiados en la palabra de Jesús echaron nuevamente las redes con fe y generosidad. Hicieron una pesca tan grande que la barca y otra barca casi se hundían.

Los discípulos se ven envueltos de la grandeza de Dios, sienten temor y experimentan su pequeñez y su pecado. “Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús y le dijo: apártate de mí, señor porque soy un pecador… El y sus compañeros estaban llenos de asombro al ver la pesca que habían conseguido”.

La misma sensación de santo temor sintió su servidor al enterarse cómo a un hermano, después de años de intentos y de fracasos el Señor Jesús lo hizo pasar la frontera de los Estados Unidos. Fue repentino, después de brincar el muro e ir corriendo lo alcanzó la patrulla fronteriza y no vio nada. El Señor lo cubrió a la vista de los agentes.

Dios se manifiesta con signos, con personas sobrenaturales a sus hijos. Es frecuente. La gente sencilla que tiene fe en un Dios vivo, que está atenta y saben descubrir sus señales vive esta experiencia de Dios.

Con frecuencia, en las eucaristías fervientes se siente la grandeza de Dios que llena su templo. Los fieles viven una experiencia diferente se llenan de paz y de una dulzura desconocida.

El recogimiento y silencio de la gente, su escucha y oración hacen sentir la presencia del Dios santísimo. Cuando todos entran en la celebración la misa se convierte en una experiencia de Dios y de las realidades del cielo.

Es esencial buscar ese contacto con Dios al participar en la misa. El está presto, del creyente depende hacer  el enlace, sintonizar y entrar en una experiencia teofánica.

Vive intensamente. Prepárate, disponte recibir a Dios, haciendo de tu misa una experiencia maravillosa, una teofanía.

Cristo está con nosotros. Cristo se manifiesta hoy, se entrega bajo los signos sagrados del pan y del vino.

En familia. En las familias creyentes que buscan a Dios, también se manifiesta Dios para todos, hay teofanías.