Los cambios en una sociedad moderna no siempre son buenos, hay involuciones y desviaciones. Debemos discernir.

Se dan siempre en la sociedad tendencias nuevas.

Hay quien piensa, como la encuestadora De las Ceras que una sociedad para ser moderna debe asumirlas.

Que es el caso de las tendencias sexuales diferentes que se manifestaron recientemente en la marcha virtual lésbico gay.

El hombre inteligente en el ejercicio de su libertad no puede aceptar todo indiscriminadamente, acríticamente.

Hay un orden moral que es marco de referencia para la actuación racional en la sociedad.

El Creador en el principio estableció un orden para toda la creación y el ser humano. Es una norma que esté vigente mientras el ser no cambie de naturaleza.

Así lo establece la fe cristiana, fundamentada en la Revelación consignada en la Biblia. Esta fe es patrimonio, muchas veces descuidado, de los católicos, la casi totalidad de los mexicanos.

Hay que avanzar y transformarse pero se debe mantener la persona fiel a los principios universales e inmutables. En lo que se puede cambiar hay que estar en evolución permanente hacia el perfeccionamiento del hombre, hacia su plenitud.

Es un dinamismo inherente al universo, de manera especial al ser vivo. Es el dinamismo que Cristo puso en marcha con su resurrección hacia la consumación de la humanidad en el Reino.

Somos impulsados a construir un mundo sin corrupción y sin violencia, de respeto a la dignidad humana. La fe apoya el verdadero progreso y lo empuja hacia adelante, es dinamismo hacia la perfección.

En esa fe, hay que respetar a todas las personas, también a las que tienen tendencias sexuales diferentes, que no son innatas, como lo atestiguan los psicólogos prestigiados sino más bien por contagio en la sociedad y por modas que vienen de otros puntos del mundo.

Estas modas son manipuladas desde las sombras por grandes poderes fácticos, de dinero y poder político que manipulan las modas con su enorme poderío que pasa desapercibido con frecuencia y muchísimos individuos ignoran.

Es la elite secreta de individuos muy poderosos económicamente hablando, como Bill Gates y de familias igualmente poderosas. Es el proyecto de un Nuevo Orden Mundial que, en muchos puntos, es impulsado por las Naciones Unidas, como queda de manifiesto en autores serios como Robin de Ruiter en sus obras como El Anticristo.

Otras desviaciones de la naturaleza son seriamente combatidas, como el labio leporino o la poliomielitis. No se promueven estas deformaciones enfermizas, más bien hay campañas aun oficiales en muchos medios para ayudar a las personas a superar el mal y a ser como todos los demás.

El matrimonio verdadero, una institución humana que viene del fondo de los siglos y una institución divina que viene desde los orígenes tiene lugar entre un hombre y una mujer que procrean hijos y que forman naturalmente una familia. Si parejas diferentes tuvieran el derecho de tener hijos no tendrían más que engendrarlos, si tienen que adoptar los hijos procreados por parejas naturales es porque se salen del curso de la naturaleza.

La evolución del hombre no es errática, a la deriva, según el capricho de los líderes que tienen otros intereses tenebrosos y particulares, tiene una orientación grabada en las entrañas del ser, va hacia su realización integral y definitiva. Es el punto Omega que menciona  en sus obras el eximio investigador Pierre Teilhard de Chardin.

Esta orientación, como los valores universales, no depende de los individuos y de los grupos, está por encima de todos. Así no depende de líderes o de movimientos que quieren imponer sus metas según su ideología.

Es necesario tener presente el punto de llegada, el destino final del hombre, su realización auténtica, plena en la etapa definitiva del universo. La fe cristiana no busca jamas volver hacia atrás, al tiempo de las sombras, de las cavernas y de la barbarie en muchos dominios de la vida.

Una luz clara en esta cuestión proyecta el designio eterno de un creador sabio y amoroso, de Aquel que modeló al hombre, puso en su ser un dinamismo y le dio un destino grandioso y definitivo, de realización plena. Ahí el hombre experimenta finalmente la satisfacción de sus más nobles deseos, la felicidad y la gloria.

El proyecto de Dios para el ser humano aclara la realidad íntima del ser humano y su universo, es fuente de verdad y de sabiduría. Leemos en el Génesis 1.27: “Dios los creó hombre y mujer”.

Un poco más adelante el Génesis, 2,18, comenta la creación de la mujer. “El señor Dios dijo voy a dar al hombre una ayuda que le sea adecuada” (vulgarmente, que haga juego con él, assortie, se dice en francés).

En los avatares de la historia y de la vida hay desviaciones, antes que seguirlas y alejarse llevar, como en todo hay que hacer ajustes, la verdad está en volver al plan original.