Podría decirse que este día 7 de Enero culminó el proceso electoral estadounidense para elegir a quién encabece la Presidencia, con el conteo y certificación de los votos electorales emitidos por el Colegio Electoral.

Quizá se nos haga extraño el acto del Congreso de los Estados Unidos, porque México dejó la elección indirecta con la Constitución de 1917 y eliminó de la legislación el Colegio Electoral en 1993. Pero Estados Unidos de Norteámerica aún utiliza este sistema arcaico de elegir a electores que resultaba una necesidad en una época en donde las comunicaciones no eran lo instantáneas que son hoy; pero también porque quienes crearon a los Estados Unidos pensaban que debían constituir un Colegio Electoral que pudiera atemperar la animosidad de la búsqueda del poder.

De manera que en Estados Unidos no necesariamente gana quien tiene más votos de la ciudadanía que se denomina el voto popular, sino quien tiene más votos electorales y estos votos electorales son equivalentes al numero de congresistas, porque el número que le corresponde a cada estado de la Unión Americana es equivalente al numero de legisladores de la Asamblea de Representantes (Cámara Baja) y al numero de Senadurías, que en todos los estados son dos, incluyendo el Distrito de Columbia, que es donde se encuentran los poderes federales, es decir, Washington.

De manera que su sistema electoral está basado plenamente en la mayoría, de manera que en la mayor parte de los Estados de la Unión, quien gana la elección, gana todos los votos electorales, sin importar con cuanto porcentaje lo ganó, ello pulveriza automáticamente a las minorías, por esa razón, se percibe que solo contienden dos partidos políticos, el Republicano y el Demócrata; aún cuando en cada elección hay otros partidos que prácticamente quedan invisibilizados por el propio sistema.

También tiene la característica de ser un sistema electoral hiper descentralizado, de manera que cada estado de la unión, y en algunos inclusive cada condado (lo que para nosotros son los municipios) tiene su propio sistema para contabilizar los votos. Contrario a lo que sucede en México donde las reformas de las últimas décadas han generado una tendencia a la homogeneización, en los Estados Unidos la regla es la diversidad logística.

Pero además, el Colegio Electoral no es un lugar, sino un proceso, es decir, los electores elegidos para el Colegio Electoral no se reúnen en un solo sitio, sino que cada grupo de electores se reúne en su correspondiente estado, de manera que emiten sus votos para la Presidencia y la Vicepresidencia, los colocan en un sobre cerrado y se envían al Congreso, donde se realiza la certificación del resultado.

Por cierto, quien preside la sesión del Congreso es el vicepresidente en funciones con un Congreso recientemente instalado luego de la elección.

Las lecciones que nos deja el proceso electoral norteamericano es que la confianza en las instituciones fue mucho más fuerte que cualquier intento de pervertir el resultado; sin embargo, no importa el tipo de sistema electoral que se utilice, si hay quien quiera ser mal perdedor y argumentar fraude, habrá quienes le crean y podrían poner en una situación extrema al sistema.

Hay todo un tema sobre la forma y pertinencia de controlar a los insurrectos, puesto que las dos principales empresas de redes sociales, Facebook y Twitter tomaron la decisión de suspender la cuenta del presidente Trump al ir contra sus normas comunitarias; de hecho éstas pueden observarse en cada una de nuestras cuentas, por ejemplo, esta prohibida la Violencia e Incitación, de hecho Facebook define que “En los casos en los que consideramos que existe riesgo real de daños físicos o amenazas directas a la seguridad pública, eliminamos el contenido, inhabilitamos las cuentas y colaboramos con las autoridades competentes”.