“El precio que tenemos que pagar por el dinero, se paga con libertad”… Robert Louis Stevenson. (1850 –1894) Escritor británico

Los datos de la Cuenta Pública correspondiente al 2016, que recién entregó la administración estatal al poder Legislativo, señala que la deuda total de Michoacán supera los 31 mil 400 millones de pesos.

Dicha cantidad involucra los pasivos que se tienen con bancos a largo plazo, por un monto de casi 17 mil 294 millones de pesos y que con respecto al 2015, creció en 197 millones. En cuanto a la deuda denominada de Corto Plazo, es decir, la que se adeuda a proveedores y terceros institucionales, alcanza los 8 mil 985 millones de pesos, a los cuales deben sumarse 3 mil 470 millones, que recién contrató el gobierno de Silvano Aureoles Conejo, para hacer un total de 14 mil 185 millones de pesos.

Vale destacar que el Congreso del estado autorizó al Ejecutivo el año pasado, a contratar un crédito que debía pagar en el mismo año, por hasta unos 3 mil 400 millones de pesos, de los cuales, sólo dispusieron de mil 800 millones, como lo informó el secretario de Finanzas, Carlos Maldonado Mendoza.

Sin embargo, el gobierno silvanista aprovechó la aprobación de la Ley federal de Disciplina Financiera, que ahora permite a los gobiernos estatales endeudarse por hasta el 6 por ciento de su presupuesto anual, así que en el último trimestre del año pasado, contrataron la nueva deuda, considerada de Corto Plazo y que deberá pagar tres meses antes de que termine la presente administración.

Bajo semejante circunstancia económica, la expectativa de que la situación mejore, sigue cifrada en la reestructura que se logre de 3 créditos de largo plazo, pero también, en la Auditoría Forense y el Programa de Austeridad que en este año deberá dejar ahorros por mínimo, 450 millones de pesos.

Cada una de estas acciones, deberán dar resultados concretos y medibles que le permitan recuperar al Ejecutivo Michoacano, algo de liquidez, especialmente con los proveedores y terceros institucionales.

Y es que hasta ahora las baterías se han puesto en mejorar las condiciones de los adeudos a largo plazo, mientras que todos los afectados por la llamada deuda de Corto Plazo se encuentran desesperados, despidieron y despiden personal o ya de plano quebraron, y ahí no hay una estrategia de pago.

El secretario de Finanzas Carlos Maldonado, señaló que actualmente revisan exhaustivamente dicha deuda, porque han encontrado irregularidades como doble facturación por un mismo servicio o documentos que ya fueron liquidados e intentan volverlos a cobrar, así que tras la revisión y el apoyo de la Auditoría Forense, se podrá determinar si efectivamente se deben los casi 9 mil millones de pesos que están reportados en el Estado de Situación Financiera de la Cuenta Pública de la Hacienda Estatal correspondiente al 2016. Cabe destacar que la Cuenta Pública señala que el año pasado se disminuyó disminuido en casi 4 mil millones de pesos dicha deuda, ya que al cierre del 2015 se debían más de 13 mil 128 millones de pesos.

Ante la gravedad que representa la deuda a “Corto Plazo”, y que hay casos que se arrastran desde el Gobierno de Leonel Godoy Rangel y se acentuaron con Fausto Vallejo Figueroa, Jesús Reyna García y en especial, con Salvador Jara Guerrero en 2015, año en que sumaron a dicha deuda, más de mil 500 millones de pesos, valdría la pena que a iniciativa del propio Ejecutivo o bien, del Legislativo, en el Presupuesto de Egresos del próximo año, se destinen recursos al pago de dicha deuda, que a diferencia de la de largo plazo, los afectados no recibirán intereses y hasta la fecha no tienen certeza ni compromiso legal concreto que les diga cuándo van a poder recuperar lo que les pertenece.

Asimismo, deberían insistir en aplicar la ley a aquellos gobiernos y/o funcionarios que cometieron abusos de confianza, al fungir como intermediarios ante aseguradoras, por citar un ejemplo, con quienes incumplieron y dejaron en total indefensión a cientos o miles de ciudadanos. Semejante acción debería tener a una buena cantidad de políticos de anteriores administraciones en la cárcel. Ojalá.

Con la esperanza de que haya una próxima vez… me despido, gracias.
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