“La pequeña primera mentira que se contó en nombre de la verdad, la primera pequeña injusticia que se cometió en nombre de la justicia, la primera minúscula inmoralidad en nombre de la moral, siempre significarán el seguro camino del fin”… Václav Havel. (1936 – 2011) Escritor, dramaturgo y político checo.

Ante la circunstancia que vive el país, donde las reacciones al gasolinazo son sólo el botón de muestra del hartazgo ciudadano, resulta increíble la postura del los poderes federales, en especial la del Ejecutivo Enrique Peña Nieto, ante una evidente e inaudita falta de sensibilidad y total ausencia de empatía con la mayoría de la población.

En tres oportunidades que tuvo Peña Nieto de dirigirse a la nación, en ninguna impactó favorablemente, por lo menos no en la mayoría. Sus medidas para evitar mayores afectaciones por la crisis económica que padece el país, podrían ayudar en alguna dimensión, pero parecen más una reacción para justificar el alto impuesto a las gasolinas y diesel, que ya generaron incrementos en la canasta básica y cualquier cantidad de productos, porque no plantea una propuesta contundente, clara y medible, que impacte también a la clase privilegiada que cobra del erario, como lo es todo su gabinete.

No hay una meta concreta para por lo menos disminuir privilegios como telefonía celular, vales de gasolina, infinidad de secretarios particulares, viáticos y un largo etcétera, que es lo que finalmente tiene enardecidos a buena parte de los mexicanos.

Y sin embargo, no todo es responsabilidad del Ejecutivo, los poderes Legislativo y Judicial también son responsables. Han sido incapaces de renunciar a todos los privilegios que les permiten vivir como príncipes a costa de la mayoría. Representantes populares que lo único que representan es su interés propio y el de sus partidos, donde por cierto, no hay color que se salve. Ninguno en el Congreso de la Unión ha procurado siquiera, disminuir las partidas para partidos políticos, insisto, ningún color partidista lo ha hecho.

Hoy personajes de todos los colores salen a desgarrase las vestiduras, pero la mayoría no tiene empacho en cobrar bonos navideños, recibir sueldos y apoyos extraordinarios e insultantes y además, resultar totalmente nulos en la rendición de cuentas. Y si no, baste recordar cómo viven y cómo han cuidado a líderes sindicales, justamente como el de PEMEX, Carlos Romero Deshamps, por citar un ejemplo.

La insensibilidad e ineficacia de la clase política ha rebasado ya cualquier calificativo, parecen no percatarse que están dándole de patadas a la gallina de los huevos de oro, insisten en estirar la liga y acrecentar el hartazgo social. Hay tal voracidad que han perdido el mínimo de decencia y congruencia para mantener alguna credibilidad en la clase política.

Ya desgastó tres oportunidades el presidente Enrique Peña Nieto para fijar metas de austeridad y acciones que también impacten a los príncipes que cobran en cualquiera de sus instituciones, del erario, donde incluso los presuntamente ciudadanos como el INE, también han perdido el decoro.

Así que no estaría de más un nuevo esfuerzo del Ejecutivo y el Legislativo, para crear una propuesta congruente a la realidad, donde también ellos resulten afectados. Bajarse un 10 por ciento en su salario, parece más una burla. ¿Podrán o querrán hacerla? ¿Y si no, cuánto tiempo más resistirá la población?

Mientras tanto, trascendió que el gobierno de Michoacán que encabeza Silvano Aureoles Conejo, establecerá un nuevo compromiso de austeridad el próximo jueves. Ojalá que resulte ejemplar y establezca metas concretas y medibles.

Podría ser, que cada funcionario pague su celular, la gasolina que utiliza, disminuir los viáticos y el personal de apoyo con que cuenta cada funcionario, así como el número de asesores, que en buena parte, parecen más becas para pagar favores. Y todo ello, con datos claros, por ejemplo, cuánto se gastó en 2016 en viáticos y cuál es el ahorro meta para este año, ya no más ambigüedades.

En fin, por más que resulte reiterativo y sin pretender ser pesimista, el año pinta bastante complejo y peor aún, los nombres que figuran como posibles candidatos presidenciales al 2018, no ofrecen una real opción de mejora. Así que pese a todo, ojalá no perdamos la esperanza y surjan uno o varios liderazgos que puedan regresarle algo de credibilidad a la clase política y por consecuencia, a las instituciones de nuestro país. Ojalá.

Con la esperanza de que haya una próxima vez… me despido, gracias.
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