Cristo cambia la suerte de los pobres, los libera de la esclavitud y del pecado y les abre el camino a ser como Dios en la gloria del cielo.

¡No lo puedo creer! Ayer, como muchos, estaba seguro de que los aranceles se aplicarían, conociendo que Trump es un déspota, terco y sin sentimientos humanos.

Ayer mismo acordamos con los grupos de la Palabra de Dios de la comunidad ponernos a orar por las desgracias que se ciernen sobre México, sobre los humildes.

Humanamente, no se veía una salida, sólo nos queda un Dios poderoso, misericordioso, Providencia que tiene arreglada hasta la caída del pájaro.

Señalamos ahí que somos los más humildes y desconocidos, como muchos otros creyentes que rezan en silencio. Confiamos en Él, Dios escucha la oración de la fe, así sea del más desconocido y humilde de los creyentes. Nos apoyamos en esta fe que mueve montañas.
Me conmovió, un poco más tarde el anuncio tan anhelado: Trump suspende la aplicación de los aranceles a partir del próximo lunes. El gozo fue de una profundidad indescriptible, intenso sobremanera.

Es cierto que no debemos echar las campanas al vuelo como si hubiéramos ganado una guerra mundial, como cuando festejamos con fanatismo el paso, por suerte, de la selección de fútbol a la siguiente ronda en el Campeonato Mundial. No hay que hacer un escándalo exagerado, infantiloide, repetitivo, con una emoción irracional y desmedida.

Hay que aprender la lección y ver la corrupción de la 4T. Las medidas que tuvimos que tomar por la presión de Estados Unidos dan vergüenza, debieron tomarse desde un principio, es de fundamental honestidad: el cumplimiento de la ley en el paso de los migrantes por nuestra frontera sur, la invitación de LO a los centroamericanos para que vengan a México, la acción perversa de los criminales de la trata de personas y de otras organizaciones que lucran con la miseria de los hermanos y la negligencia de las autoridades mexicanas.

Son vergonzosos los descuidos del gobierno mexicano y su irresponsabilidad hasta que llegó la presión de Donald Trump. ¿Por qué no habían hecho la tarea?

Los mexicanos no podemos perder el sentido de la dignidad y de legítimo orgullo, muchos mexicanos no sentimos que nos hayan tratado de igual a igual en este conflicto. Hay algo de humillante en la negociación

Hay una responsabilidad Estados Unidos y de los países ricos, incluyendo a México en el problema. Sus políticas de riqueza y bienestar para los suyos empobrece a los países sin recursos y los orilla a la migración. Cuando no tienen petróleo, son ignorados por los poderosos, en sus gobiernos tiránicos, brutales, asesinos que orillan a la migración. El problema se plantea también para México.

Hay que tener cuidado con las cifras alegres y las promesas irresponsables como si Ebrard y la delegación estuvieran en México. No hay que hacer promesas a la ligera que no se van a cumplir: controlar la frontera sur, dar trabajo y prestaciones a los migrantes, cuando la mayoría de los mexicanos están en la informalidad y el desempleo.

Buscar hacer mítines para festejar como si fuera un campeonato nacional de fútbol, es una actitud inmadura, un ridículo ante las naciones. Hay que ver dónde estamos, qué exige el momento, prepararse para afrontar las consecuencias del acuerdo, replantear el avance de México, valorar el gobierno que ha tomado decisiones equivocadas, de consecuencias desastrosas, que agravan la situación triste y desesperanzada de las mayorías.

No hay que inflar a Ebrard y su delegación como si fueran héroes, hay que reconocer el apoyo de los opositores de Trump en Estados Unidos: los demócratas, algunos republicanos, los empresarios, hay que subrayar el apoyo cualificado de los empresarios mexicanos y el peso de instituciones internacionales y de la opinión pública.

Veo algo que los liberales, los seres humanos soberbios y que viven sin Dios no podrán entender, en esta amenaza de los aranceles que estaban decretados se ve la mano de Dios, el Papá que no duerme ni reposa. Debemos seguir orando ahora para darle gracias. Así nos aseguramos su auxilio para pruebas futuras.

Dios vive en medio de este pueblo, es muy bueno y poderoso, “y noche y día yo cuido de mi viña”, dice el señor de la historia.