Vicente Fox rechazaba todo lo que tuviera que ver con la Revolución Mexicana y con Benito Juárez, ello explica que al crear los fines de semana largos sólo que se haya movido la consideración de días festivos en tres fechas: la que conmemora el aniversario de la promulgación de la Constitución de 1917, el 5 de febrero; la del natalicio de Benito Juárez, el 21 de marzo; y la del inicio del movimiento armado de 1910, el 20 de noviembre.

Detrás de esa decisión tomada por Fox hubo consideraciones ideológicas. La Constitución representa la culminación del movimiento revolucionario iniciado en 1910. Juárez fue el autor de la derrota de los conservadores. El 20 de noviembre representa a la Revolución que acabó con las haciendas e hizo el reparto agrario.

Devaluar cada una de esas fechas fue lo que le importó a Fox a fin de cuentas; marcar distancia con un movimiento social y con un personaje identificado como símbolo del liberalismo. Luego de tomar posesión, en los primeros días de diciembre de 2000, la pintura de Juárez que estaba en el despacho presidencial de Los Pinos, la prensa preguntó qué había pasado con ella y la respuesta fue “se retiró por obras de remodelación”; para salir del embrollo el cuadro reapareció en la Secretaría de Gobernación.

Fox, años después, el 13 de julio de 2013 dijo a Milenio TV: “como presidente me llevo de calle a todos, incluido el llamado Benemérito de las Américas”. Se explayó en su verdadero sentir hacia la figura de Juárez cuatro días más tarde; en entrevista con CNN expresó su animadversión al Benemérito: “Aquí en México se le ha construido un pedestal y se habla de la gran presidencia porque tuvo una frase acertada, atinada, pero a cambio fue el que provocó, el que creó, el que firmó el acuerdo McLane-Ocampo”. Un tratado que, por cierto, nunca entró en vigor al no ser aprobado por el Congreso de los Estados Unidos. Por el contrario, el Tratado Mon-Almonte firmado por los conservadores culminó en la intervención extranjera y la imposición de un príncipe extranjero como emperador de México.

Fox canceló la celebración del tradicional desfile deportivo del 20 de noviembre para sustituirlo por un acto cívico a Francisco I. Madero en el interior de la residencia oficial de Los Pinos. El vocero, Rubén Aguilar, anunció en conferencia de prensa celebrada el 24 de octubre de ese año que la Presidencia había querido hacer este cambio desde mucho tiempo atrás: “de hecho, nos habíamos tardado”, pues desde 2002 se planeaba suprimir ese que llamó uno de los “viejos rituales”, que representaba al “viejo sistema”. Agregó: “un país que se mueve “tiene que construir nuevos símbolos a través de las nuevas realidades que va construyendo”. La Constitución fue producto de esa misma revolución.

Vicente Fox puso como pretexto para mover al lunes inmediatamente anterior las celebraciones del 5 de febrero, del 21 de marzo y del 20 de noviembre, el estimular la actividad turística y suprimir los llamados puentes que se interponían entre el festejo y el fin de semana.

El propósito de fondo fue restar importancia a festividades cívicas contrarias a su ideología.

En 2006, Fox promovió ante el Congreso de la Unión una reforma al artículo 74 de la Ley Federal del Trabajo, más tarde ordenó modificar los calendarios oficial y escolar para formalizar lo que llamó “fines de semana largos”. El resto de las festividades no tuvo variación, no hubo fines de semana largos para el 1º de enero, ni para el 1º de mayo, ni para el 16 de septiembre, ni para el 1º de diciembre de cada seis años por el cambio de poderes, ni para el 25 de diciembre. Es una falacia decir que la industria turística perderá enormes cantidades de dinero, son tres días de los 365 que tiene el año o, si se quiere, tres semanas de las cincuenta y dos.