Las mujeres en todo el mundo, han pasado por una larga travesía en busca de alcanzar la equidad e igualdad sustantiva de sus derechos humanos; aunque es aplaudible los logros en diferentes sectores que han logrado durante mucho tiempo, actualmente no han sido suficientes, pues como avanzamos y evolucionamos como sociedad, estas necesidades cambian constantemente.

Hablar sobre la justa lucha de las mujeres, es preciso hacer hincapié en lo que esto significa verdaderamente el feminismo, ya que hay una gran confusión sobre su definición y el carácter que les da a las mujeres en el proceso de su propio empoderamiento; Contrario a lo que se piensa, el feminismo “no es un grupo radical que busca dividir o fomentar el odio hacia el género masculino, sino que es un movimiento político y social que supone la toma de conciencia de las mujeres como grupo, en contra de la opresión, la violencia sexual, subordinación y explotación, que busca condiciones de igualdad de derechos y oportunidades para las mujeres en relación con los hombres, así como condiciones sociales justas para ambos sectores.” Como lo explica la socióloga feminista, Margarita Mantilla Chávez. Resulta fácil hacer criticas sin fundamento sobre la manera en la que altera el orden social en el camino de su preponderante lucha, si bien logramos entender desde una visión ecuánime en el momento en que nos llega la información, no aterrizamos la idea de crear una esfera en la que podemos estar promoviendo actitudes violentas, denigrantes y por supuesto, carentes de ética. Por ejemplo, decir que el feminismo no es una teoría política sino el discurso violento de mujeres que odian a los hombres o, ante la Conmemoración del Día Internacional de la Mujer responder de inmediato y a la defensiva “¿Y por qué no hay un día del hombre?” sin antes preguntarnos “¿Y por qué hay un día internacional de la mujer?”. Es pues imperativo pensar y cuestionar, ¿de dónde vienen las noticias que escuchamos?, ¿cuál es el sustento de nuestras afirmaciones?, ¿es ético repetir información sin antes haber cotejado la referencia que la sustenta?

Remontándonos a sus orígenes, tenemos que el feminismo surge en vinculación estrecha con el movimiento de la Ilustración y por ello mismo, denuncia la falta de inclusión de las mujeres en los derechos, en la universalidad de la razón, así como en una vida libre de prejuicios. Se exigía pues incluir a las mujeres en ese conjunto de prerrogativas universales. Estas propuestas teóricas son representadas de forma emblemática en las figuras de Olympe de Gouges y de Mary Wollstonecraft, por ejemplo. La finalidad de estas propuestas era la de denunciar las incongruencias en las que incurrían las prácticas sociales dominantes. Y esa característica de denuncia sigue imperando en el discurso feminista hoy. A esta primera ola del feminismo se le conoce como feminismo ilustrado.

Ahora bien, a este movimiento social le ha tomado tiempo y espacio proliferarse y centrarse; comencemos haciendo mención a los primeros antecedentes que conocemos quienes fueron principalmente inspiradas por la inminente desigualdad en cuestión de derechos, por el hartazgo femenino, por lo que comenzó a crearse por primera vez en el siglo y su contexto es la de la Europa de los siglos XVII y XVIII. Más adelante, hacia el siglo XIX e inicios del siglo XX, se configura la segunda ola feminista, que es conocida como la del movimiento sufragista que busca, expresamente, consolidar el derecho de ciudadanía para las mujeres; se retomó la exigencia de la universalidad de los derechos morales para todas las personas y esta exigencia quedó plasmada en La Declaración de Sentimientos de Seneca Falls, que se publicó en el año de 1948, después de la primera Convención sobre los Derechos de la Mujer, mismo que se considera como el texto fundacional del feminismo estadunidense.

De acuerdo con la información que vierte Samara de las Heras en su artículo “Una aproximación a las teorías feministas”, fue en Inglaterra en donde se dio el movimiento sufragista europeo “…más potente y radical. Destaca la labor política de John Stuart Mill, así como la de las sufragistas británicas de principios del siglo XX y, en concreto, de Emmeline Pankhurst y sus hijas Sylvia y Christabel, que en 1903, crearon, junto a otras mujeres afiliadas al Partido Laborista Independiente, la Unión Social y Política de las Mujeres y el periódico Votes for Women, que más tarde se denominaría The Suffragette”. De acuerdo con Florence Rochefort, a partir de 1850 esta vertiente del movimiento inglés adopta una estrategia con base en “… peticiones, conferencias propagandísticas, periodismo y multiplicación de las afiliaciones a la Unión Nacional de las Asociaciones por el Sufragio de las Mujeres, fundada en 1897”. Por otro lado, si bien el movimiento de las sufragistas fue criticado porque se circunscribió a las problemáticas de las mujeres de clase media, no podemos dejar de señalar que sentó los antecedentes para que más adelante, la mayoría de los países occidentales reconocieran el derecho al voto a la mujer. Finalmente, damos un salto en el tiempo hasta llegar a la época de los setentas, espacio de emergencia de los feminismos contemporáneos en donde surgen nuevas problemáticas para discutir y donde se modifica de forma radical, la escala de valores. Característica de esta época fue el lema “Lo personal es político” que ponía el dedo en la problemática que la mujer vivenciaba en el ámbito al que había sido confinada, es decir, el doméstico y centraba su atención en las causas que originaban la opresión de la mujer, es decir, en el patriarcado.

Pasando el tiempo, el feminismo fue tomando su propio lugar en México, en Yucatán, se dio un primer movimiento feminista, teniendo registro en diciembre de 1916, cuando se celebraron dos congresos encabezados principalmente por maestras y mujeres de la clase media que buscaban crear consenso en torno a las reformas educativas y sociales.

La igualdad ciudadana de las mujeres quedo establecida en 1953 mediante la reforma del artículo 34 constitucional (Diario oficial, 17 de octubre de 1953) y por primera vez las mujeres mexicanas participaron en un proceso electoral con los mismo derechos que los hombres en las elecciones celebradas en 1955 en Baja California Norte, y en 1958, concurrieron a las urnas en una elección presidencial.

El feminismo tomó vuelo nuevamente a principios de los años setenta en medio de las búsquedas libertarias inspiradas por la contracultura en ambientes universitarios. En este resurgimiento feminista fue decisiva la influencia del movimiento de liberación de la mujer de los Estado Unidos. Las activistas pioneras, muchas de ellas antiguas participantes del movimiento estudiantil del 68, estaban al tanto de los desarrollos políticos y teóricos del feminismo estadounidense. Particular resonancia tuvo el mitin celebrado en 1970 en San Francisco, California, a propósito del quincuagésimo aniversario del reconocimiento a la igualdad de derechos políticos de las mujeres en los Estados Unidos, y que fue ampliamente reseñado en la prensa mexicana. En México, siguiendo el mismo señuelo, Los 70 abrirían las demandas por la despenalización del aborto; nombrarían a los derechos reproductivos; y perfilarían el análisis de la violencia hacia las mujeres. Finalmente, en los años 90 recuperarían la demanda por estar en el poder. Desde este contexto han ido en aumento las manifestaciones femeninas, aunque no del todo homogéneas, pero si cada vez mas resonantes en cuanto a sus ideales de lucha, ejemplos de lo dicho anteriormente, lo vemos todos los días, incluso el ignorar que su lucha expansiva no ha cambiado la mentalidad de la sociedad, seria meramente mentir políticamente.

La violencia tiene sus propias raíces, no le importa la cultura, religión, encontrará la manera de sobresalir si no logramos combatirla, planificadamente, además de educación, valores, empatía, reglas de ataque directo, pues tenemos una sociedad que atrozmente parece no importarle tanto las diferentes formas de manifestación, agresión, discriminación de esta misma; poniendo en acción los diversos protocolos de atención y prevención de violencia, a parte de una agenda en común, con la ciudadanía, por medio de capacitación, resultaría por lo menos una antídoto para las futuras generaciones al momento de hacer frente a la realidad tan desgastada y carente de respeto por los derechos humanos.