La soledad acompañada. En México, Manuel Acuña (MAN, como se le identificó en la entrega previa) vive solo en un cuarto del edificio de la escuela de medicina, contiguo a otras habitaciones ocupadas por algunos alumnos de la propia escuela, entre ellos, uno de apellido Vargas y otro Villamil.

La relación de MAN con sus padres y hermanos se anuda en las cartas que se envían y reciben, separados por la escasez y la distancia mediante entre la ciudad de México y Saltillo.

La lejanía familiar es patente, como lo muestra que el 12 de abril de 1871, Francisco Acuña Cantú muere sin que MAN lo sepa, sino hasta 18 días después y sin que pueda asistir a la sepultura de su muy querido padre, lo cual supuso un pesar enorme para el poeta, pues además no lo había visto en los 6 años previos.

Acuña, de hecho, deja el hogar al rededor de los quince años y ha crecido en ausencia de su familia, solo.

— Preferiría morir mil veces a volver a sentir lo que he sentido…, escribió Manuel Acuña ante la muerte de su ascendiente (tomado de la carta escrita por MAN, el 8 de mayo de 1871 y publicada por Caffarel Peralta, Pedro, «El verdadero Manuel Acuña», México, UNAM, 1999, p. 16)

MAN continua en México con sus estudios de medicina próximos a concluir, con el consentimiento de su madre; persevera en sus actividades literarias y se ocupa también de realizar trabajos para obtener dinero para su sostenimiento.

Su vida transcurre entre el estudio, el trabajo, vaguedades amorosas, los encuentros literarios, la escritura de versos y prosa, la participación en impresos y actos diversos, organizados especialmente por las sociedades literarias el «Liceo Hidalgo» «La concordia» «El Porvenir» y «La sociedad filoiátrica» (Una noción aproximada de filoiátrica es: lo relativo al estudio de los problemas de la vida material y espiritual, con el fin de brindar respuestas que conduzcan a su solución, curación o sanación).

Los amigos no son pocos: Justo Sierra, Juan de Dios Peza -con el cual se decía «hermano»- Agustín F. Cuenca y Laura Méndez Lefort, entre otros muchos.

Juan de Dios Peza precisa: «Acuña tenía siempre en su derredor un cortejo de amigos que le amábamos sin doblez, sin rencillas, sin envidia de su genio, sin censurar sus extravagancias, evitándole todos los disgustos y siendo los primeros en aplaudir sus obras» (Acuña, Manuel, «Poesía completa», México, Conaculta, 2014, p. 264)

El parnaso se abre. El reconocimiento a MAN, como poeta y escritor, no llega de pronto, ni de forma gratuita; los años de trabajo literario, el valor y el tesón, son los que le llevan al reino del arte; pero es la escenificación de su obra de teatro «El pasado», lo que le abre las puertas.

MAN escribe la obra «El pasado» en 1870 y a inicios de 1872 no se ha representado, por lo cual tiene dudas con relación al valor específico de su drama, más aún porque le fue devuelta por un actor sin comentario alguno y sin ser tomada en cuenta para escenificarla; eso, sin embargo, está a punto de cambiar.

Pilar Belaval, una española actriz de teatro, que primero hizo su carrera en España y Portugal -desde los 8 años de edad-, con gran reconocimiento llegó a México en 1867 y desde ese momento actúa victoriosa en puestas de escena en los teatros más distinguidos del país.

Para 1872, Pilar Belaval decide representar en la ciudad de México una obra con carácter benéfico, eligiendo «El pasado» de entre todas las que tuvo a la mano.

La obra se representa con gran éxito el 9 de mayo de 1872, en el Teatro Principal de la capital de la República y luego en otros teatros de la nación con igual laurel.

Los diarios capitalinos son la caja de resonancia del triunfo de la representación; pero también de la obra y de su autor, el cual recibe el tributo directo de los asistentes al teatro, coronado literalmente con laureles. Es ya un personaje público.

Para comprender el eco de su triunfo, baste leer el diario «El correo del comercio» de 23 de junio de 1872, en el cual se emite una crítica favorable a la representación de «El pasado» y en demérito de la obra «El cerro de las campanas» que se escenifica al mismo tiempo, pero en el Teatro Nacional, al decir la crítica que si una persona opta por asistir a la puesta de la obra «El cerro de las campanas», palabras más o menos, tiene que armarse de paciencia, porque es aburrida y sosa.

A partir de la representación de «El pasado», la actividad literaria de MAN es más fuerte, se le nombra Presidente de la sociedad literaria «La concordia», publica diversos poemas, entre ellos uno al cual intituló «Al ruiseñor mexicano» (En honor a la ya universalmente famosa soprano mexicana Ángela Peralta) y en el cual se puede leer:

«Hubo una selva y un nido
y en ese nido un jilguero
que alegre y estremecido,
tras de un ensueño querido
cruzó por el mundo entero»

Sus poemas siguen publicándose, en las tertulias literarias es presentado como baluarte de la literatura nacional y goza de reconocimiento extendido, al grado de que el 15 de septiembre de 1873 (poco menos de tres meses antes de su muerte) pronuncia un poema ante Sebastián Lerdo de Tejada, Presidente de la República, en el inicio de las festividades del país por la independencia nacional.

El corolario de los eventos es que no solo sus conocidos y amigos, sino igual los conocedores, concuerdan en que MAN -con apenas 23 años de edad- está llamado a ser uno de los patriarcas de la literatura nacional.

Con todo, su economía se estanca en muy mala y como es de suponer, la ausencia familiar lo atormenta, sin que reciba un apoyo trascendente para salir de sus aprietos.

Otro pesar crece en su ánimo, pues de forma paralela mantiene relaciones amorosas con la mujer que lava su ropa, intima con Laura Méndez Lefort y se enamora y corteja a espaldas de las dos anteriores, a la musa de prácticamente todos los escritores mexicanos del último tercio del siglo XIX: Rosario de la Peña y Llerena, la cual también es amada en secreto por Guillermo Prieto e Ignacio Ramírez.

El triunfo está en las manos de MAN, lo mismo que sus agonías y el veneno de cianuro de potasio, con su aroma de almendras amargas ¿Tan amargas cómo el desaire de Rosario? ¿Cómo la soledad sin familia? ¿Cómo sus amores «confundidos»? ¿Tan amargas para llevarlo al suicidio?

¿Qué tiene que ver la vida compleja de MAN con sus obras, con sus poemas más representativos «Ante un cadáver» y «Nocturno» (a Rosario)?

Las preguntas son sugerentes y relevantes, pues llaman al análisis de la obra del autor, a examinar sus formas, su contenido y compromiso, bajo los claroscuros de su vida y la tristeza del suicidio, como se puede ver en la entrega siguiente.