Jesús, al ver a las gentes, se compadecía de ellas, a toda la comunidad diocesana de Morelia y a los hombres y mujeres de buena voluntad. Les saludo con mucho cariño, en Cristo, nuestra paz y salvación.

El tiempo de Cuaresma es una oportunidad especial de gracia, reconciliación, perdón y de paz que nos permite realizar nuestra peregrinación interior hacia aquel que es la fuente de la misericordia.

Es una peregrinación en la que él mismo nos acompaña a través del desierto de nuestra pobreza, sosteniéndonos el camino hacia la vida intensa de la Pascua, incluso en el valle oscuro del que habla el salmista en el Salmo 23, mientras el tentador nos mueve a desesperarnos o a confiar de manera ilusoria en nuestras propias fuerzas, Dios nos guarda y nos sostiene y nos conduce por caminos de salvación.

En ese tiempo en el que experimentamos la pandemia del Covid-19, el Señor escucha el grito de las multitudes hambrientas de salud, de alegría, de paz y de amor, en ese tiempo de desolación e incertidumbre, Dios no permite que predomine la oscuridad. Hay un límite impuesto al mal por el bien divino y es la misericordia.

Al ver Jesús a las gentes, se compadecía de ellas, la mirada conmovida de Cristo se detiene hoy sobre los hombres y los pueblos, sobre nuestras comunidades de fe, puesto que por el proyecto divino todos estamos llamados a la salvación, Jesús, con su mirada, abraza a las multitudes y a cada uno de nosotros y nuestras comunidades, y nos entrega al Padre ofreciéndose a sí mismo el sacrificio de expiación.

En esta Cuaresma los invito a imitar a Cristo para mirar a las necesidades de nuestro prójimo, ante los desafíos que tenemos actualmente por la pandemia, dejémonos mirar por Cristo para mirar como él lo hace, y que el ayuno, la limosna y la oración, propias de la preparación para la celebración de la Pascua, sean una ocasión propicia para mirar con la compasión de Cristo al hermano que sufre por la enfermedad, por la muerte de los seres queridos y por las situaciones de crisis, consecuencia de la pandemia.

Con la misma compasión de Jesús por las muchedumbres, nuestra Arquidiócesis de Morelia, en sus distintos servicios en las parroquias foráneas, zonas pastorales o a niveles diocesanos, queremos ofrecer compasión y lo mejor de solidaridad y servicio a nuestros hermanos.

Hoy más que nunca tengamos en cuenta la victoria de Cristo, sobre todo mal que oprime al hombre.

La Cuaresma nos ofrece un camino de preparación para guiarnos a la celebración de la Pascua, camino de salvación.

En esta Cuaresma oremos y confiemos al Señor nuestra salud física y espiritual, que todos los que caminamos en la Arquidiócesis de Morelia y en los estados de Michoacán y de Guanajuato, experimentemos una renovada experiencia cuaresmal en su misericordia que nos ofrece, a través de nuestra oración personal, la participación de los sacramentos y el cultivo de las virtudes humanas y cristianas en la vida comunitaria, que Nuestra Señora de la Salud nos acompañe para mirar como su hijo, dejemos que su hijo mire nuestro corazón, miremos como él y convirtámonos a él para que tengamos en nuestras comunidades, en nuestra Arquidiócesis y en toda nuestra sociedad, frutos de conversión, reconciliación, perdón y paz con relación, cariño y bendición. Su servidor, Carlos Garfias Merlos, arzobispo de Morelia, vicepresidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano.