Cristo es enviado a un mundo en desgracia. Viene a anunciar la salvación de Dios: consuelo, paz, bienestar para los pobres.

En tu vida. Estamos en un México de desgracias, los pronósticos de quienes saben es muy sombrío, el gobierno nos pinta un mundo perfecto, feliz.

Dios Habla. En la verdad de Dios y de las cosas, no en la opinión de los hombres mentirosos, estamos en un mundo en prueba, de sufrimientos y carencias, muerte, en un valle de dolor. La realidad es de luces y sombras y tenemos que luchar por un mundo más justo y digno, con resultados siempre provisionales, entre fracasos y limitaciones.

Quienes presentan un mundo sin problemas, que piensan que todo es lo máximo en el mejor de los mundos, que son seres divinos o diabólicos, que hacen historia y que todo lo arreglan perfectamente con su mente o con su palabra y sólo tienen éxitos. Quienes prometen crear la Transformación y hacer un paraíso en este mundo, mienten o están soñando o todo a la vez. No ven la realidad de “un mundo derrumbado”.

Dios ve la pena del pueblo y tiene su proyecto de liberarlo. Se anuncia como una buena noticia: “alégrense con Jerusalén todos los que por ella llevaron luto”.

El castigo por los pecados del pueblo va a terminar, el autor de la liberación es Dios: “Yo haré correr la paz sobre ella como un río… Cómo niños serán llevados en el regazo y acariciados sobre sus rodillas como un hijo a quien su madre consuela, así los consolaré yo… Los servidores del Señor conocerán su poder”.

Cristo es enviado al mundo a cumplir las promesas divinas, a realizar plenamente el proyecto de Dios. El tiempo se ha cumplido Cristo envía a proclamar la Buena Noticia. “Yo los envío como corderos en medio de lobos… Cuando entren en una casa digan: la paz reine en esta casa… Curen a los enfermos que haya y díganles: ya se acerca a ustedes el Reino de Dios. Les he dado poder para vencer… Toda la fuerza del enemigo”.

Pablo se hace eco y predica “la paz y la misericordia de Dios”.

La Transformación que necesitamos, la superación de la desigualdad social, del sufrimiento de los pobres sin un servicio digno de educación y abandonados en la ignorancia, sin seguridad y expuestos al saqueo y a la muerte, sin autoridad que defienda el medio ambiente y detenga la devastación, en un país sin ley, sin justicia, con régimen autoritario, necio, que niega los grandes problemas sólo puede venir de Jesucristo, el único Mesías y del amor y la misericordia de Dios.

Necesitamos mexicanos nuevos, que escuchen el llamado de Cristo: arrepiéntanse, conviértanse de tantos pecados, mentiras y crímenes.

En todo, se necesita renovar a la persona. La reforma moral sigue siendo un vacío terrible y una tarea pendiente.

Es necesario aceptar a Cristo y poner la confianza en su palabra: el Reino de Dios está cerca, más aún está en medio de nosotros. Necesitamos vencer al Maligno y la parte de corrupción, la mentira y el crimen que llevamos dentro.

En esta situación de desesperanza, cuando se han derrumbado los valores y el país cae en la miseria y la recesión necesitamos apoyarnos en la fe, dar el salto substancial, transformarnos y así poder ser agentes de transformación.

Vive intensamente. Necesitamos despertar y ver el país en ruinas y reconstruirlo con Jesucristo.

Cristo está aquí. Tiene el poder de crear mundos nuevos, de recrearnos con su cuerpo y su sangre.