En México ocurren al año 340 mil nacimientos en mujeres menores de 19 años (Foto: UNAM)

Por: Ariana Castellanos

Ciudad de México (Rasainforma.com).- México es el país miembro de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) con más adolescentes embarazadas. En 2018, la tasa fue de 77 adolescentes embarazadas por cada mil jóvenes de 15 a 19 años, informó la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

De acuerdo con estadísticas de la Estrategia Nacional para la Prevención del Embarazo en Adolescentes, en México ocurren al año 340 mil nacimientos en mujeres menores de 19 años; y 15 por ciento de los hombres y 33 por ciento de las mujeres no utilizaron métodos anticonceptivos en su primera relación sexual.

Aunado a lo anterior, la edad de inicio de las relaciones sexuales, en el 23 por ciento de este segmento poblacional fue entre los 12 y 17 años.

El embarazo adolescente es un problema de salud pública, está relacionado, desde el punto de vista clínico, con la mortalidad materna por preeclampsia, diabetes gestacional, hemorragias uterinas, desnutrición, inmadurez y bajo peso de los bebés, señaló Mario Tapia, académico de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Zaragoza de la UNAM.

Además, las jóvenes no están preparadas emocionalmente para hacer frente a la maternidad y pueden ser víctimas de violencia psicológica o física por parte de la pareja o la familia.

Existen distintas variables involucradas en el problema, en las individuales están la exposición a la actividad sexual desde edades tempranas, la percepción de invulnerabilidad, bajas aspiraciones educativas o de vida, conductas impulsivas, carencia de compromisos y uso de drogas, en algunos casos.

En el ámbito familiar, dijo, hay factores como la violencia, que genera que las jóvenes establezcan redes sociales de apoyo que fomentan relaciones sexuales de manera precoz; la poca accesibilidad de los padres para que reciban educación sexual; el abandono de alguno de ellos y vivir en pobreza.

Se requiere educación para ejercer una sexualidad responsable y el abordaje con la familia, que es el vínculo principal para la socialización y para contar con mecanismos de afecto, apoyo social y comunicación, resaltó.

La educación sexual no es exclusiva de la escuela y los centros de salud, debe empezar en el entorno familiar. “La familia debe proteger a sus miembros, transmitir la cultura del conocimiento y, sobre todo, la socialización. Es ahí donde estamos fallando”, insistió el académico.