criptomonedas en México

CDMX (MiMorelia.com).- Al igual que ocurre en muchos otros países, en México la regulación de bitcoin y otras criptomonedas se encuentra muy por detrás de lo que su adopción por la ciudadanía podría sugerir, aunque por otra parte es normal que los aparatos legisladores del estado respondan con lentitud a los avances tecnológicos. Si nos remitimos a lo que dice la autoridad central de la moneda en nuestro país, el Banco de México, aquí se considera que bitcoin y otras altcoins, como activo virtual que son, no están respaldadas por nada más que la confianza de los usuarios o inversores en la tecnología que las sustenta, excluyendo de esta definición  aquellos activos virtuales cuya tenencia representan la posesión de un activo “real” como acciones, monedas, etc.

A pesar de ello, México se encuentra entre la mayoría de países latinoamericanos que sí permiten operar con criptomonedas, bajo la cuenta y riesgo de los consumidores, aunque exchanges y brókeres deban acatar lógicamente la legislación mexicana.

 

Negociando con criptomonedas

Una de las formas más habituales para relacionarse con las criptomonedas es la compraventa de las mismas a partir de una exchange, que también suele incluir servicios de custodia, y que normalmente tendrá disponibles las más conocidas y valiosas, además de que algunas de estas empresas pueden llegar a desarrollar sus propias criptomonedas, pero además en el caso mexicano, por lo importante de las remesas en nuestro PIB, puede que los usuarios tengan una relación especialmente estrecha con XRP, la criptomoneda de Ripple, que desde finales del año pasado no está pasando por sus mejores momentos, ya que la SEC estadounidense presentó una demanda contra Ripple al entender que su criptomoneda no era una moneda sino un valor, que se estaba vendiendo como tal pero sin contar con el permiso para ello. A raíz de esta demanda el precio de XRP primero se hundió y luego se estabilizó en mitad de uno de los ciclos alcistas más espectaculares de bitcoin hasta la fecha, recordando a los inversores los riesgos de negociar con un activo que no se encuentra totalmente encajado en las regulaciones estatales a pesar de ser enormemente popular entre los inversores.

También cabe destacar que México es uno de los países en los que el trading mediante CFD con criptomonedas está permitido (no ocurre así en cambio con nuestro vecino del norte), así que el inversor que prefiera probar suerte con el apalancamiento en vez de con una exchange puede darse de alta en una plataforma de trading de confianza, asegurándose de que comprende los riesgos para el capital de esta forma de operar.

 

Más allá de México, legislación en otros países latinoamericanos

Si echamos un vistazo al subcontinente encontraremos las legislaciones más restrictivas de la zona en Bolivia y en Ecuador, cuyos gobiernos son abiertamente hostiles a este tipo de activos y que directamente prohíben su uso desde el 2014 (aunque en Ecuador pueden comprarse y venderse no pueden utilizarse como moneda).

Venezuela por su parte trató de aprovechar la ola de las criptomonedas lanzando su propia criptomoneda, el petro, pero que ha tenido un escaso éxito a pesar de estar (a priori) respaldado por los riquísimos recursos naturales de la República Bolivariana, seguramente porque el gobierno de Maduro no despierta mucha confianza si de invertir capitales se trata dado el estado ruinoso de antiguas joyas de la corona como PDVSA, la petrolera estatal venezolana.

En el resto de países hispanos la situación es muy similar a la del caso mexicano, una regulación todavía poco clara y advertencia sobre la volatilidad y la falta de respaldo de estos activos, a pesar de lo cual la acogida de las criptomonedas entre los usuarios latinoamericanos es muy buena, siendo una de las regiones donde más ha crecido su uso durante el 2020 (algo que ya venía pasando desde el año 2019 según nos cuentan en la plataforma Statista, ya que de los siete países donde más creció su uso cinco de ellos fueron latinoamericanos), aunque hay que tener en cuenta que su implementación tenía algo de retraso con respecto a Asia, Europa y Norteamérica, así que podemos decir que este crecimiento ha servido para acortar distancias con algunas de las regiones más desarrolladas del planeta.

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