Caray, Michoacán se mueve como barco en altamar pero, debo decir que es una embarcación que flota, lo cual me da tranquilidad.

¿Por qué? Porque es la tierra en donde deseo vivir el resto de mis días y que mis hijas crezcan con mejores oportunidades, en un entorno de igualdad real y de respeto entre las personas.

Lo paradójico de este barco que flota llamado Michoacán, es que algunas encuestas hechas en redes sociales lo califican como una entidad con un gobernador de magros resultados; pero resulta muy interesante, leer los otros datos que tiene la segunda cara de la moneda.

Recientemente, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (COVEVAL), señaló que Michoacán ha mejorado en sus tratamiento y disminución de la pobreza. Es decir, ha mejorado la calidad de vida de las personas, en un porcentaje significativo.

Me quedo con lo significativo de los datos que arroja el CONEVAL sobre Michoacán, porque tienen peso metodológico las investigaciones que realiza como Institución autónoma, y me quedo con el rigor científico aplicado en el análisis de las cifras.

Este rigor metodológico me gusta, porque da mayor claridad y certidumbre si se desea hacer un análisis objetivo de los fenómenos y plantear políticas públicas sencillas, efectivas y evaluables para mejorar los fenómenos analizados. Esto, es algo que Michoacán y el país requieren con mayor urgencia: confianza en sus instituciones y mucho mejor política económica. Creo, que avanzamos en este rubro.

Por ejemplo, la Ley General de Desarrollo Social (LGDS) señala que el CONEVAL tomará como fuente primaria de información, la investigación que haga el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), independientemente de otros datos que se estime. Entonces, parto de aquí para valorar el trabajo que hacen los investigadores del CONEVAL y los del INEGI.

Ahora bien, regresemos al punto central de la columna: Michoacán y sus números en la pobreza.

Se viene mejorando de forma importante, dice el CONEVAL y presenta estas cifras: en 10 años (2008-2018, aunque la pobreza se mide bianualmente) el porcentaje de pobreza en Michoacán presenta en 2008 (55.5%); 2010 (54.7%); 2012 (54.4%); 2014 (59.2%); 2016 (55.3%); 2018 (46%).

Las cifras anteriores, muestran una disminución de la pobreza de nueve puntos porcentuales en el periodo 2016-2018, lo que significa una cantidad muy buena de puntos.

Y en pobreza extrema, las cifras de CONEVAL también son buenas. En la medición del mismo periodo 2016-2018, Michoacán pasó de 9.4% a 6.1%. Es decir, 3 puntos porcentuales menos en pobreza extrema, lo cual también es significativo.

Todas estas cifras me dan mayor tranquilidad, porque observo en las cifras una constante, y ésta es “mejora”.

Además, me da tranquilidad, porque imagino un Michoacán con las nóminas educativa y de salud federalizadas, lo cual daría un respiro y una oportunidad a las finanzas públicas del Estado, para que puedan ser utilizadas en mayor inversiones productivas. Esto, si se aterriza así, podrá mejorar aún más las cifras del combate a la pobreza en Michoacán.

Bien, analizo fríamente los datos y me gusta apreciar “constantes” en los indicadores de medición, lo cual pone a Michoacán, en el periodo 2016-2018, como la entidad de México que mejor ha trabajado para disminuir la pobreza y lo que se mide, no es poco.

Para arrojar estos datos, CONEVAL evaluó indicadores establecidos en el artículo 36 de la Ley General de Desarrollo Social vigente: ingreso corriente per cápita, rezago educativo promedio en el hogar, acceso a los servicios de salud, acceso a la seguridad social, calidad y espacios de la vivienda, acceso a la alimentación nutritiva y de calidad, grado de cohesión social y grado de accesibilidad a carretera pavimentada.

Por último, dejo sobre la mesa una pregunta obligada: ¿el barco llamado Michoacán llegó a buen puerto ya? Sin duda no, y creo que falta aún trabajo del Gobernador y de su equipo en otros temas, en varios, sin embargo, el barco flota y la pobreza disminuye a tasas extraordinarias.

En este tema, estoy más tranquilo.

* El autor, tiene estudios de doctorado en Política, de maestría en Ciencia Política, de maestría en Neuromarketing, así como de licenciatura en Derecho.
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