El pasado 9 de febrero se presentó en Michoacán el Índice de Desarrollo Democrático México (IDDMEX) 2020, que integran la Fundación Konrad Adenauer Stiftung, Polilat, el INE, el Centro de Estudios Políticos y Sociales, así como la Confederación USEM.

El IDDMEX 2020 tiene una robusta metodología que parte de una definición de democracia maximalista, es decir, no se queda solamente en términos de la democracia formal, sino que contempla el desempeño del sistema democrático, la institucionalidad del propio régimen democrático y el logro de los fines de la democracia.

Partiendo de esas premisas, se contemplan cuatro dimensiones: democracia de los ciudadanos, democracia de las instituciones, democracia social y humana y, finalmente, democracia económica. A su vez, estas dimensiones se integran con 25 indicadores principales que surgen de la integración ponderada de 50 indicadores que constituyen datos empíricos para caracterizar aspectos parciales del desarrollo de cada estado.

De manera que el estudio nos genera una “foto” o “radiografía” del estado de la democracia en los estados mexicanos, que además nos permite ver resultados desde 2010, por lo que es un importante instrumento referencial para investigadores sociales, para instituciones públicas, pero también para los partidos políticos justo en este momento que localmente deben estar preparando sus plataformas electorales.

En el ranking general, Michoacán aparece en el lugar 29, clasificado entre los estados de desarrollo mínimo, que por cierto es la quinta vez que califica en ese rango, ya que en 4 años había calificado como bajo y en 1 año había calificado como medio.

Por dimensiones, Michoacán califica como mínimo en la democracia de los ciudadanos, cuyos indicadores tienen que ver con voto de adhesión política, percepción de derechos políticos, tipo de elección de autoridades, percepción de libertades civiles, violencia de género, exclusión de derechos y libertades indígenas, homicidios, secuestros, respeto por la ley, cooperación ciudadana, género en el gobierno.

Cabe subrayar que en esta dimensión de la democracia de los ciudadanos Michoacán califica, por vez primera desde 2010, como mínimo; en 5 ocasiones había calificado como medio y en cuatro como bajo.

También califica como mínimo en democracia de las instituciones, donde se valora el índice mexicano de corrupción y calidad de gobierno, percepción de la corrupción, participación de los partidos políticos en el Poder Legislativo, existencia de minorías/mayorías sin representación política, existencia de víctimas de violencia política, existencia de organizaciones armadas y de delincuencia, factor de anormalidad democrática, factor de intervención del gobierno federal, mecanismos de elección de los jueces de los tribunales superiores de justicia, mecanismos de democracia directa para la expresión ciudadana (existentes y utilizados), existencia y desempeño del defensor del pueblo, existencia y desempeño de órganos de control externo, índice métrica de gobierno abierto, libertad de prensa y violencia ejercida contra periodistas.

En esta dimensión de democracia de las instituciones, no es la primera vez que Michoacán califica como mínimo, lo ha hecho ya en tres ocasiones más; mientras que sólo en una ocasión calificó como medio y en cinco ocasiones ha calificado como bajo.

En cuanto a la democracia social, Michoacán califica como bajo donde se ponderan indicadores como desempleo urbano, pobreza, mortalidad infantil, gasto público en salud, analfabetismo, eficiencia terminal en secundaria, gasto público en educación.

En esta dimensión de democracia social ha sido común que Michoacán califique como bajo, ya que sólo en una ocasión calificó diferente, ubicándose en medio.

Finalmente, en relación con democracia económica, Michoacán califica como bajo. Aquí se valoran elementos como la competitividad en la relación estado-sociedad, coeficiente de desigualdad de ingresos, PIB per cápita, autonomía financiera e inversión.

En esta dimensión de democracia económica es la única que observa el paso de mínimo en 2019 a bajo en 2020; aunque solamente en una ocasión más calificó de bajo, mientras que en cuatro ocasiones calificó como mínimo y en otras cuatro como medio.

En suma, como puede observarse, el estudio considera a la democracia desde un amplio enfoque, que va mucho más allá de las responsabilidades de las autoridades electorales, contrario a lo que en principio pudiera pensarse, porque la democracia es un asunto de inclusión, de respeto por la ley, de instituciones y, sobre todo, de sus efectos en la calidad de vida de la comunidad. Por eso el estudio es un buen referente para el próximo diseño de las plataformas electorales, que debería ser el punto central de la discusión pública en las campañas a partir del 4 de abril y no las personas.

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