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el pasado 19 de septiembre se inauguró oficialmente la Red Sísmica Nicolaita (Foto: Inegi)

Morelia, Michoacán (MiMorelia.com).- A las 19:41 horas del 21 de enero último, el Servicio Sismológico Nacional (SSN) registró un sismo de magnitud 4, con epicentro a 11 kilómetros de Morelia. Por fortuna no causó daños materiales ni humanos, pero sí proporcionó información valiosa sobre cómo se mueve el suelo en diferentes zonas de la capital de Michoacán cuando ocurre ese tipo de fenómenos naturales.

Y es que el pasado 19 de septiembre se inauguró oficialmente la Red Sísmica Nicolaita, la cual cuenta con 10 acelerómetros para conocer la acción de los suelos ante los movimientos telúricos -antes había tres-, y se encuentran en las instalaciones de Ciudad Universitaria (CU), Instituto de Investigaciones sobre los Recursos Naturales (Inirena), Colegio de San Nicolás, facultades de Medicina, Psicología y Veterinaria, de la Casa de Hidalgo, así como en la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC) Michoacán, la Universidad Vasco de Quiroga (UVAQ), delegación de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), y en el Centro de Atención Múltiple “Luz Alou de Torres Manzo”.

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La zona donde está la CMIC registra más movimiento ante la acción sísmica que otras partes (Foto: Cortesía)

El profesor-investigador del Departamento de Estructuras del Posgrado de la Facultad de Ingeniería Civil de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH), José Manuel Jara Guerrero, puntualizó que una de las aportaciones de tales estaciones “es hacer una zonificación sísmica que quede dentro de reglamentos específicos del municipio, porque Morelia tiene suelos que hacen que el movimiento sísmico sea diferente en cada lugar, y tendríamos que tener valores distintos para fines reglamentarios de las casas-habitación y edificios en diferentes zonas de Morelia”.

Algunos resultados detectan, por ejemplo, que en el sismo del 21 de enero anterior, con epicentro muy cerca de la capital michoacana, así como en otro de mayor magnitud aunque más lejano de Morelia, el del 3 de marzo de 2019 originado en Huetamo y de 5.1, la amplitud máxima de los espectros de medición cambia considerablemente en los distintos acelerómetros y es de más movimiento el suelo en la zona de la CMIC.

En aquella parte, aledaña a las canchas de futbol de la Unidad Deportiva Cuauhtémoc, éstas se inundan cuando caen lluvias fuertes. Hay gran cantidad de agua en el terreno y eso amplifica la intensidad, explicó el especialista, ante lo cual, dijo, las fuerzas de diseño de construcciones para una misma casa o edificio deben ser más grandes ahí que en otros lugares.

Asimismo señaló que en el área de Santa María, rumbo a Altozano, donde está el acelerómetro en la UVAQ, el terreno es duro y cuando tiembla se tiene un efecto de amplificación del movimiento por efecto de ser un lomerío. Y es casi dos veces más lo que se mueve allá que en Ciudad Universitaria.

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Ubicación de los acelerómetros y lugar del epicentro en el sismo del pasado 21 de enero (Foto: Cortesía)

Por eso resaltó la importancia de no construir edificaciones o diseños iguales en todo el municipio, pues en zonas como la de la CMIC hay más propensión a los daños por movimientos telúricos que en otras. “Sólo conociendo el suelo cada vez que tiembla, y con redes sísmicas como la que tenemos, podemos hacer menos vulnerable a Morelia ante los sismos”, apuntó.

Medidas preventivas arrojaron buenos resultados en la Ciudad de México

Refirió que en el sismo de magnitud 8.1 del 19 de septiembre de 1985, con epicentro en las costas de Lázaro Cárdenas, Michoacán, había en la Ciudad de México apenas nueve acelerómetros, y dos años después tenían más de 250. En ese temblor se cayeron alrededor de 700 edificios y rebasaron las 10 mil muertes.

Años después, el 19 de septiembre de 2017, el sismo de magnitud 7.1 cuyo epicentro se localizó en Axochioapan, Morelos, causó en la misma capital del país el colapso total de 44 edificios y 229 personas perdieron la vida. Además, sólo el 9 por ciento de los inmuebles derrumbados correspondía a estructuras diseñadas posterior al temblor de 1985.

“Eso significa que hay diferencias que demuestran el impacto que tiene colocar redes sísmicas”, remarcó José Manuel Jara, quien agregó, los daños en la Ciudad de México del 2017 con respecto a los de 1985 fueron menores después de tomar medidas preventivas; “se recuperaron más rápido que si no hubieran hecho nada”.

Porque Morelia, señaló, puede ser susceptible de sismos. Un temblor de magnitud 7 el 19 de junio de 1858 tuvo su epicentro “más probable”, entre la ciudad de las canteras rosas y el actual aeropuerto moreliano, que causó graves daños en la catedral y la compañía de San Agustín.

Además pueden afectarle los temblores registrados en la Falla de Acambay, en el Estado de México, como ocurrió en el del 19 de noviembre de 1912, de magnitud 6.9. Y otros que podrían generarse, tal caso en la Brecha de Guerrero, sin actividad fuerte desde 1911 y por tanto acumula energía, o en el mismo territorio michoacano, que entre el 1 de enero y el 22 de febrero pasados lleva 3 mil 553, aunque más del 90 por ciento en la zona del llamado enjambre sísmico, de acuerdo al Servicio Sismológico Nacional (SSN).

El investigador de la UMSNH hizo énfasis en la resiliencia, esa capacidad y habilidad de una comunidad para prepararse ante situaciones de peligro, como los movimientos telúricos; adaptarse a las nuevas condiciones, y recobrarse en el menor tiempo posible.

Frente a esa situación, dijo que las acciones preventivas son importantes, tanto de la parte de la investigación y academia, como de las autoridades municipales y estatales, “que deben involucrarse enormemente, y mucho más ahora que la Red Sísmica Nicolaita arroja sus primeros resultados”.

 

Por: Redacción/CA