La Secum lamentó el deceso de la artista con más de 50 años de trayectoria

Morelia, Michoacán (MiMorelia.com).- El baile tradicional terracalenteño se encuentra de luto ante la partida física de Azucena Galván, originaria de Huetamo, quien desde corta edad sintió inclinación y amor por dicha disciplina del arte, para convertirse, a fuerza de la observación y de la práctica ante la carencia de escuelas de educación artística, en uno de los máximos exponentes del baile de tabla y, por ende, de las tradiciones de su comunidad.

El legado y testimonio de la artista quedó para la posteridad en el libro Tesoros Vivos de Michoacán editado en el año 2015 por la Secretaría de Cultura de Michoacán a través de la Dirección de Vinculación e Integración Cultural, en un texto redactado por el historiador y académico Miguel Arrieta Gutiérrez; plática que deja ver que ya desde niña aprovechaba cualquier ocasión, ya fuera una boda, una fiesta o una actividad escolar, para mostrar sus habilidades en el zapateado. La misma Azucena cuenta en la conversación con Miguel Arrieta, que el amor por el baile le vino de su familia, concretamente de su padre y de doña Teófila, su abuelita, quienes sobresalían en el baile tradicional.

En esa plática la artista también habló sobre cómo había conocido a Don Juan Reynoso, conocido como el “Paganini de Tierra Caliente” y del entusiasmo y alegría que sentía por escuchar los gustos y sones que con tanto interés defendió y promovió, con el propósito de que la tradición perdurara. Fue por ello que con apoyo de autoridades del ayuntamiento de Huetamo la reconocida artista tuvo oportunidad de impartir un taller en diversas escuelas primarias, actividad que disfrutaba al representar su herencia y legado. Además y junto con Don Evaristo Galarza Castillo, igualmente reconocido por sus contribuciones a la música tradicional y merecedor del Premio Estatal de las Artes Eréndira, tuvo la posibilidad de ofrecer clases en la Casa de la Cultura de Huetamo para contagiar a otros lo que para ella era sagrado y traía en sus venas: bailar.

Vale en este momento citar las palabras que Eva María Garrido Izaguirre, investigadora de la Universidad Intercultural Indígena de Michoacán ofreciera durante la presentación del libro Tesoros Vivos. Dicho concepto, explicó Garrido Izaguirre, fue acuñado en 1950 en Japón “con la finalidad de preservar técnicas y saberes en peligro, sobre todo de tipo tradicional y escénico. Es decir, reconoce la existencia de prácticas y conocimientos que existen exclusivamente, en la medida que hay quien las reproduzca, y para su preservación decide distinguir a su depositarios. Esta idea fue posteriormente adoptada por la UNESCO, organismo internacional que recomienda a sus estados miembros la generación de 4 sistemas nacionales de Tesoros Humanos Vivos con el objetivo de preservar el patrimonio cultural inmaterial de gran valor histórico, artístico o cultural. Para ello establece que los Tesoro Humanos Vivos son aquellas personas que poseen en sumo grado los conocimientos y técnicas necesarias para interpretar o recrear determinados elementos del patrimonio cultural inmaterial”.

Recordada con respeto y cariño por quienes la conocieron, Azucena Galván ofreció una de sus presentaciones durante el Festival de Atención a la Diversidad Cultural de Tierra Caliente, celebrado recientemente en Huetamo, su tierra natal.

Apreciada y valorada por su talento y su trabajo en pro de la difusión del baile tradicional, Azucena Galvan recibió diversos reconocimientos, entre ellos el organizado por la Secretaría de Cultura de Michoacán a través del Departamento de Atención a la Diversidad Cultural adscrito a la Dirección de Vinculación e Integración Cultural en el mes de noviembre de 2013, en el marco del VIII Encuentro de Músicos y Bailadores de Tierra Caliente, con apoyo del entonces Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.

También la Universidad Nacional Autónoma de México campus Morelia en el marco de Verso y Redoble, Encuentro de Música Tradicional, rindió tributo a sus más de 50 años de trayectoria como zapateadora de gustos y sones y como un homenaje al tiempo dedicó a compartir su amor por el arte y enseñar a bailar a niños y jóvenes.