Jesús Melgoza

Hoy, más que nunca, es fundamental mantener el liderazgo, ya que liderar implica ser capaz de dirigir a un equipo, alcanzar metas, tomar riesgos y salir de la zona de confort.

Los líderes preparados para el futuro son empáticos, se involucran con decisión durante la adversidad. Tienen espacio para ellos y su equipo, para liderar y crecer a pesar del nivel de incertidumbre o de incomodidad que exista. Sin embargo, una amenaza se cierne sobre los líderes: el ego, que puede sabotear un liderazgo exitoso.

No debemos confundir la autoconfianza con el ego, ya que la primera es muy positiva, dado que te permite confiar en ti, en tus habilidades y en tus decisiones, por lo que es fundamental.

La autoconfianza te permite creer que serás capaz de conseguir tus objetivos, enfrentar con éxito los desafíos y superar las dificultades. Cuando actúas desde la confianza, puedes ser creativo, asertivo y efectivo. Por el contrario, cuando actúas dominado por tu ego, reaccionas desde el miedo y tu liderazgo pierde efectividad.

El ego es el que tiene miedo y, en su afán de protegerte y de evitar que pierdas algo importante, te asusta y te lleva a actuar a la defensiva, mediante pensamientos poco útiles que producen preocupación, inseguridad y ansiedad.

Te comento algunos ejemplos de cuando el ego sabotea un liderazgo, a fin de que, si te identificas con algunos, corrijas el rumbo. Algunos jefes creen que es peligroso confiar en su equipo, ser auténticos, mostrar aprecio, pedir ayuda, reconocer sus errores o compartir más allá de lo laboral, ya que se mostrarían vulnerables, lo que ocasiona que no se ganen la confianza de su equipo y no construyen relaciones de verdadera conexión, colaboración y lealtad.

También hay quienes creen que es peligroso decir “no”, manifestar desacuerdo, corregir o exigir, porque generarán conflicto o dañarán su imagen y relaciones. La consecuencia es que se vuelven permisivos; no ponen límites, y pierden credibilidad.

Otros más consideran peligroso comunicarse con empatía. Como resultado, infunden miedo; son duros con su equipo; no reconocen logros ni felicitan; no escuchan, y sus colaboradores, al no sentirse  valorados, se desmotivan y bajan su desempeño.

Por otro lado, hay jefes incapaces de delegar, entonces controlan excesivamente, abruman a sus colaboradores, asumen responsabilidades que no les corresponden y se enfocan en lo operativo, dejando de lado lo estratégico.

Todas estas creencias llevan a los líderes a actuar desde el miedo; miedo a dañar su imagen, a que no los obedezcan, a verse vulnerables o a que se aprovechen de ellos. Y el que tiene miedo es el ego. Por eso, si reaccionas desde el miedo, dominado por tu ego, se afecta tu capacidad para liderar, para ganarte la confianza de tu equipo, para comunicarte asertivamente, para desarrollar a tu equipo y para producir los resultados que buscas. No dejes que el ego arruine tu liderazgo.