“El principio del gobierno democrático es la virtud”. Charles Louis de Secondat (1689-1755). Escritor francés.

Las cosas cambiaron para seguir igual o peor.

No debe sorprender que Rosario Piedra Ibarra haya rendido protesta para encabezar la Comisión Nacional de Derechos Humanos ante el Senado de la República, pese a las presuntas irregularidades que denunciaron los grupos opositores al poder en turno.

Como ha sucedido en la toma de decisiones del Congreso de la Unión y en prácticamente cualquier legislatura estatal, el partido que tiene el poder lo usa y sólo desde las minorías se exige la búsqueda de consensos y transparencia.

La crítica ante las presuntas irregularidades en la votación para elegir a Piedra Ibarra fueron de tal magnitud, que el coordinador de Morena en el Senado, Ricardo Monreal Ávila, ofreció reponer el procedimiento, con lo cual parecía mandar una señal coherente con lo que tanto ha comprometido Morena.

Entonces en medios de comunicación y redes sociales se hicieron presentes los reconocimientos al partido en el poder, ante semejante intención de hacer las cosas totalmente claras, para callar las voces de los críticos.

Pero no fue así. Al final, Morena y sus aliados actuaron exactamente igual como lo hicieron en otras épocas las mayorías aplastantes de los partidos y personajes que tanto critican. Lamentable por donde se quiera analizar.

De entrada, desafortunado para Rosario Ibarra que llega a la Comisión Nacional de Derechos Humanos sin la legitimidad que posiblemente merezca. Su trayectoria y herencia como activista social seguramente le dan argumentos suficientes para llegar a dicha institución, pero tampoco se puede dejar de ver su indiscutible apoyo a Andrés Manuel López Obrador y su candidatura por Morena a diputada federal.

En un respeto estricto a todo lo que presume Morena y su dueño, respecto a lo moral, a la transparencia, cero corrupción y contundente rendición de cuentas, Rosario Ibarra debió encabezar la exigencia para reponer el procedimiento y que el voto esta vez fuera público, para que no quedaran dudas.

Lamentablemente no fue así. Se sumó a la estrategia de Morena y rindió protesta en medio de reclamos y acusaciones de la oposición.

No me sorprende porque se trata de la misma clase política de siempre. Algunos de Morena, antes fueron del PRI y/o PAN, así que saben cómo hacerlo. Otros fueron integrantes de alguna minoría, como la del PRD, por citar un ejemplo, que en su momento también gritó y se desgarró las vestiduras ante otras aplanadoras del poder presidencial en turno, así que esta vez encontraron un buen momento para la venganza… y lo que falta.

No debe sorprender, pero debería de preocuparnos. Cada día Morena logra crecer su manto en las instituciones, que entre otras cosas, son parte de los equilibrios que todos tendríamos que procurar, independientemente de cómo se llame el que gobierna.

Justificar que Morena repita lo mismo que hizo lo más recalcitrante del PRI y PAN, no le conviene a México. Cuidado, no es la primera institución que siente la fuerza del poder presidencial y la aplanadora legislativa, pero esta vez tocó a la Comisión Nacional de Derechos Humanos y mañana puede ser el Instituto Nacional Electoral. ¿Y luego?

Con la esperanza de que haya una próxima vez… me despido, gracias.

cmongem@hotmail.com