El hombre consiente entiende su vida y la orienta a su destino definitivo. No puede vivir como autómata o bruto. Debe despertar.

El animal se guía ciegamente por los instintos. La máquina actúa conforme a las leyes científicas de la materia. El hombre es un ser superior, es espiritual, se guía por su voluntad que decide libremente guiada por la inteligencia.

Lupita y Juan conocen a personas de la colonia que viven al fondo de un callejón. No participan ni en las reuniones ni en actividades de interés social. Se la pasan las tardes escuchando una música ruidosa, pobre en cuanto a la letra y en cuanto a la melodía. Ellos se preguntan: ¿cómo puede la gente vivir con eso tan corriente y tan banal? ¿Qué tienen en la cabeza estas personas? ¿De qué pensamientos profundos y de que decisiones generosas son capaces?

Así existen vecinos que no parecen personas maduras, no les interesan los grandes problemas, no les preocupa nada, nada toman en serio. Toman a vacilada el contagio del Covid-19, son muy frívolos de la muerte de los demás. Tal vez es la actitud que en los conductores de la sociedad.

El hombre no puede vivir irreflexivamente y como autómata dejando de los demás, y huele sus superiores decidan por el y lo arrastren a donde les conviene a ellos pero no para el.

Es necesario despertar, reflexionar y tomar decisiones para hacerse dueño de su propio destino e influir en el destino social. Cada individuo debe ser grande y hacer historia.

Algunos conceptos, estructuras de pensamiento, herencia de hombres del pasado son necesarios para dar forma al pensamiento y fundamentar las decisiones, de manera que sean sabias y libres.

Vivimos en sociedad, en una nación. La convivencia social y la gestión de la cosa pública tienen como cimiento y estructura los principios y valores universales, para vivirlos se requieren las virtudes de la persona.

Los valores percibidos en la conciencia moral conforman el orden moral que los ciudadanos deben respetar y las autoridades deben tutelar y hacer respetar.

El fin de la sociedad es conseguir el bien común, los valores expresan el aprecio que se debe tener por los distintos aspectos del bien moral. Los principios son instrumentos para conseguir los valores, son puntos de referencia para la estructuración y la conducción de la vida social del ser humano.

En la actualidad, bajo el influjo del Internet que consiste en bajar y pegar, las personas pierden la capacidad de reflexionar sobre los problemas en profundidad y de encontrar soluciones, como señala Nicholas Carr en The Shallows.

El ser humano es espíritu, tiene inteligencia y libertad, se guía por los principios y leyes. Éstos son conceptos universales, están por encima de las personas, no dependen de ellas.

Este universo es un conjunto ordenado, cosmos, por el orden perfecto que estableció el Creador en su designio eterno.

Así el ser humano no se guía por los instintos dejados a sus caprichos o a la tiranía de las bajas pasiones. Tampoco es una máquina que se guía por las leyes de la materia que estudia la ciencia.

Cuando el hombre se guía rectamente vive en un cosmos y alcanza sus metas específicamente humanas. la convivencia social es armoniosa, próspera, feliz.

Cuando el hombre quebranta los principios y descuidan los valores, se guía por capricho y arbitrariedad y los impulso de la pasión y toma decisiones que se vuelven contra el, crea el caos y va a la destrucción. Es la degeneración, el sufrimiento y la muerte para las personas, también para los perversos.

Cuando no se respeta el orden moral se cae en acciones aberrantes, absurdas, mortíferas, que a la larga se vuelven contra la persona individual y social.

Tampoco se se puede programar como una máquina, como si fuera sólo un elemento en la cadena de producción o un sujeto de consumo.

Como cuando se saca a la gente del confinamiento y se la lleva a trabajar, hay un transtorno de valores, se privilegia el bien material y el dinero sobre un valor más alto la persona humana y su derecho fundamental a la vida.

Encontramos actitudes y acciones criminales, violaciones gravísimas de los valores y derechos de la persona humana: genocidios, mortandad. El mundo de cabeza.

Hay líderes que sacrifican la persona a sus intereses marcados por sus proyectos, según sus ideologías. Son capaces de sacrificar la vida de las personas y de la humanidad provocando exterminio y hecatombes como la pandemia del Covid-19.

Miles de personas han muerto por el manejo desafortunado de la pandemia. Por medidas ligeras se puede llevar muchísima gente la desgracia total.

Es la meta de monstruos que se proponen la muerte de grandes porciones de la humanidad buscando el NUEVO ORDEN MUNDIAL sacrificando todo a sus planes perversos y buscando el bien de una elite muy rica en dinero y miserable en moral.