Nos ponen enfrente la verdad y la falsedad, hay que discernirlas y conocer el valor de los gobernantes que las emiten.

Es la era de la solidaridad globalizada, somos una aldea global, hermanos de todos los hombres.

Los hermanos de Venezuela están al borde de la muerte por la opresión de un tirano, la hambruna, las armas letales. Es inenarrable el sufrimiento y el peligro que está corriendo el pueblo pobre de Venezuela. Varios de ellos son abatidos por manifestarse en la oposición.

En el Evangelio, los fariseos corruptos, opresores del pueblo critican y condenan al Mesías de Dios porque devolvía la salud y resucitaba muertos en sábado. La ley del sábado era una invención farisea para oprimir al pueblo. Así la ley de la no intervención es un pretexto para no comprometerse en defensa de los que están al borde de la muerte.

Muchos hermanos venezolanos están dando su vida por la liberación de la Bestia del apocalipsis.

El tirano tiene el apoyo del ejército, es lo que lo sostiene y lo hace terrible.

El diálogo se ha agotado, un tirano es incapaz de dialogar objetiva y sabiamente.

Es necesaria la solidaridad de las naciones en la justicia y la verdad para liberar al hermano caído en el camino en manos de los ladrones.

El presidente de México debe actuar con energía, en el momento adecuado. Su decisión o su abstención son acciones que actúan en el conflicto. Dice el Maestro: “el que no está conmigo está contra mí”.

Se debe salvar la vida de los hermanos, parar el derramamiento de sangre y la opresión perversa que genera hambruna, enfermedad, angustia y muerte.

A lado de la vida de la persona humana, nada valen principios políticos, declaraciones humanas, los presidentes no pueden escudarse ahí y menos actuar con dolo. Lo que buscan es proteger al tirano por simpatía, por afinidades ideológicas.

Son los fariseos de siempre, han creado leyes para proteger sus intereses y seguir oprimiendo al pueblo. Se parapetan en valores sagrados como la ley, la no intervención para defender sus compromisos políticos, su posición e intereses mezquinos y dejar morir a los hermanos. En realidad, lo que les importa es asegurar su posición que les atrae poder y dinero.

En estas situaciones límite, en estas decisiones se conoce a la persona, su ideología, sus tendencias, los valores que lo mueven, sus virtudes, su integridad moral. Asimismo, se puede prever de que es capaz y qué intenciones tiene. En Venezuela, los líderes de la liberación afirman: “sólo un tirano aprueba y defiende a un tirano”. ¿Habrá todavía alguien que pretenda justificar el régimen chavista de Nicolás Maduro?.

Los países de una democracia más avanzada, que conocen los grandes principios del gobierno de las naciones, que no se guían por compromisos e ideologías, ven con nitidez los crímenes de los regímenes populistas. Han considerado que es intolerable e insufrible la situación del pueblo venezolano y han decidido impulsar la liberación.

¿Qué piensan de ellos México y Uruguay que no quieren tocar a Maduro y por lo mismo están con él y a favor de la opresión, los crímenes, el genocidio?.

Hay que guiarse por los principios universales, los derechos humanos, los valores inmutables para actuar con sensatez y con dignidad y en la línea correcta.

Las comunicaciones han convertido al mundo en una aldea global, todos los lejanos se han vuelto cercanos, prójimos. Ya es imposible enconcharse, protegerse en su egoísmo y en su mini mundo de confort. La opresión y la muerte están en nuestro cuarto por los medios de comunicación.

No podemos permanecer al margen, indiferentes.

Hay que actuar, encontrar la manera posible y eficaz de influir para que cese la tiranía, el sufrimiento y la agonía de todo un pueblo. Hay que vivir como adultos, personas sensatas conscientes, comprometidas en la marcha hacia un mundo sin opresión y de fraternidad.

Cada quien invente la manera de participar: están al alcance los noticieros, las redes sociales.

Paralelamente, quienes tienen el tesoro de la fe de Cristo, involucren al Señor de la historia que ve el sufrimiento del pueblo y desciende para liberarlo como en el Exodo. Hay que rezar con fe inquebrantable por intercesión de la virgen de Guadalupe que dijo a Juan Diego: “no estoy yo aquí que soy tu madre”. Ella es la patrona de los pueblos de América.