Es dantesco que hoy en todo el país los políticos (en esencia, los de primer nivel, pues en la porción de mandos medios e inferiores la libertad de hacer regularmente es restringida) se encuentren en una ruta de re-planteamiento del Nuevo Sistema de Justicia Penal (NSJP) y lo es porque el NSJP se presentó en su momento, a veces por estos mismos políticos que hoy lo cuestionan, pero desde otras posiciones en las que se encontraban, como la mejor respuesta posible a la criminalidad y porque estos mismos políticos sacaron la mayor ventaja política posible al tema y gastaron o ayudaron a gastar presupuestos públicos transparentemente escandalosos para una sociedad como la nuestra, tan lacerada por la corrupción y la ineficiencia y la ineficacia del servicio público.

Y hoy pues resulta que esos políticos desmemoriados re-escriben su discurso, visto que mal instrumentaron el nuevo sistema de enjuiciamiento, quejándose de que ha tenido un efecto perverso sobre la incidencia delictiva que se recrudece.

La ecuación del éxito del Nuevo Sistema de Justicia Penal, la cual asumo que esos mismos políticos al menos intuían, implicaba como implica un correcto funcionamiento de la prevención, persecución, procesamiento y ejecución en la materia conforme al en parte cuestionable entramado normativo vigente.

Pero, para la mal enterada sorpresa de esos políticos, resulta que hoy ni la prevención, ni la persecución, ni el juzgamiento, ni la ejecución de penas y medidas de seguridad en el nsjp, se realiza en forma más o menos óptima, y las acusaciones cruzadas de unos a otros actores principales por los magros resultados se incrementan de modo que uno atribuye al otro la inadecuada integración de una carpeta de investigación, una mala teoría del caso o el relajamiento del criterio judicial para dar paso a resoluciones de libertad que a veces se motivan en que una persona se cortó el bigote o la barba del mentón, para no ser identificado en una Cámara de Gesell.

La situación en algunos estados es hasta escandalosa, pues algunos fiscales o procuradores locales, presumen una proporción de judicialización elevada de sus asuntos, así como que la prisión preventiva es una regla para ellos, cuando lo idóneo es que la fortuna del NSJPdebe hincarse en la eficacia de los métodos alternativos de solución de controversias penales (menos judicialización) y la prisión preventiva como una opción residual.

También está la otra postura, en la cual, la exigencia de lograr el mayor número de resoluciones vía los métodos alternativos de solución de controversias penales se convierte en una prescripción allende la voluntad “libre” de las partes.

De este modo, se judicializan casos que no debieran judicializarse y se resuelven por métodos alternativos de solución de controversias, asuntos que deberían quizá de judicializarse.

En dicho contexto, son considerables los gobernadores y procuradores/fiscales locales que llaman en sus entidades federativas o en las conferencias con sus pares a una revisión del NSJP, porque la opinión publicada da cuenta de que el mismo NSJP se ha convertido en algo así como una puerta giratoria judicial por la cual entran y salen aquellas personas que han cometido un delito o porque se obstruye una adecuada función de procuración de justicia o se adoptan criterios judiciales “extravagantes”

Esa realidad del NSJP, por otro lado, no puede abstraerse de los sistemas sociales, políticos, económicos y culturales con los cuales convive, así que esa realidad debe vincularse con una sociedad que no deja de ser autoritaria en muchos sentidos, en la cual el sistema político se cuestiona en gran parte como ilegítimo, en donde la división de poderes muchas veces es un panfleto “constitucional”, en donde los desequilibrios económicos son cada vez más hondos (hoy se siguen encontrando en prisión muchos de aquellos que robaron famélicamente, solo para saciar el hambre, o bien porque no han podido costear garantías o defensas en justicia técnicas) y qué decir de la trivialización de la corrupción o del encumbramiento colectivo de conductas antisociales como adecuadas para lograr un estilo de vida “aceptable”

El NSJP hoy día no parece una buena solución al problema de la justicia penal, pero ¿acaso lo era el anterior sistema? Y si ni este ni el anterior sistema dan soluciones satisfactorias, entonces ¿estamos condenados a un sistema de justicia penal de papel, sólo de papel? ¿Es que acaso Emilio Carballido tenía razón en su obra “Silencio pollos pelones, ya les van a echar su máiz” y los productos de los países subdesarrollados serán subdesarrollados siempre? (un NSJP subdesarrollado)

Lo que parece, al menos, es que si queremos mejores productos un mejor sistema de justicia penal, mejores respuestas al problema de la justicia penal, al menos, se debe actuar con prudencia, con razonabilidad, así sea para revisar y replantear este nsjp u otra opción.