Según la Revista Médico-Científica de la Secretaría de Salud Jalisco, el suicidio es un fenómeno complejo que falta abordar de manera integral para comprenderlo y prevenirlo (Foto: Pixabay)

Por: Eduardo Pérez Arroyo/@edoperezarroyo

Morelia, Michoacán (MiMorelia.com).- —La crisis estuvo severa —explica Álex.

Sucedió hace años, cuando ante uno de esos episodios dramáticos pensó que ya no había salida, que ya era el momento del zarpazo final.

—En mi caso es simple —explica—. Llevo 50 años de mi vida sin generar dopamina ni melatonina. Esas son las hormonas de la felicidad. Y cuando no están…

Alex vive hace años en Morelia. Tras décadas de preparación académica e intelectual, hasta hace poco tenía un buen trabajo y una familia estable. Aunque pertenece a ese grupo de personas que nunca le da mucha importancia a la forma de vestir, su empresa le pedía ser el rostro de videos y propagandas. Cuando había dudas sus colegas acudían a él. En las instituciones en las que daba clases era, y sigue siendo­, un maestro respetado y querido.

Una vida que muchos envidiarían.

Pero un día, sencillamente, no soportó más.

—¿Estabas consciente de que renunciarías a muchos privilegios?

—Sí. Pero en ese momento no me importaba nada.

Alex se tragó un bote completo de pastillas para dormir. Pero sucedió que solo había conseguido las pediátricas, cuya dosis es mínima. De no ser por eso, hoy estaría muerto. Su familia aún está, su trabajo ya no.

Como él, otros casi mil 300 michoacanos saben que viven con depresión. Lo peor: un gran porcentaje no lo sabe.

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Según el boletín del Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica, elaborado periódicamente por la Secretaría de Salud y vigente hasta la tercera semana de mayo del 2019, en Michoacán en poco menos de un año se registraron 376 casos de depresión en hombres y 895 en mujeres.

Los individuos detectados pertenecen a la clasificación CIE-10ª REV. F32, que corresponde a episodios depresivos leves, moderados, graves sin síntomas psicóticos, graves con síntomas psicóticos y otras categorías. Según la misma medición, para que un episodio sea considerado depresivo debe durar al menos dos semanas y no ser atribuible al uso de sustancias adictivas.

Entre los síntomas que pude generar están pérdida del interés o disfrute por actividades placenteras, ausencia de reacciones emocionales ante estímulos que habitualmente generan respuesta, despertarse por las mañanas dos o más horas más tarde de lo habitual, empeoramiento repentino del humor, pérdida de apetito y disminución del interés sexual.

—Básicamente—explica Alex, tras recordar aquellos episodios en que no disfrutaba, no reaccionaba o no se levantaba en todo el día—, nada en tu vida te importa.

En algunos casos se trata de la antesala de la muerte.

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La primera vez, dice, fue hace quince años.

—Fue una crisis durísima. Tardé casi un año en salir.

Lo peor, dice, fue estar consciente de la caída: a diferencia de los esquizofrénicos o los psicóticos, los depresivos no pierden contacto con la realidad.

—Te conviertes en el principal testigo de tu propio deterioro.

Los síntomas que sufrió coinciden casi perfectamente con los que reporta la Secretaría de Salud. Primero dejó de levantarse.

—No es que no estén las fuerzas físicas: sencillamente, no tienes nada a qué levantarte.

Después la fuerza de voluntad, asegura, desapareció por completo.

—No tenía nada a qué levantarme. No es que en ese entonces no tuviera objetivos, como dice el cliché respecto de los depresivos: claro que los tenía, como hoy los sigo teniendo. Solo que, en momentos como ese, esos objetivos no importan.

La situación se vio agravada por las circunstancias. Su novia de entonces era menor que él, y previsiblemente no estaba en condiciones de comprender. Alex estaba solo.

—Son esas ocasiones en que, sencillamente, tocas fondo. Por eso quise desaparecer. La soledad era lo peor.

Eso fue hace quince años. Pero a veces la depresión regresa. Tras catorce años sin problemas de ese tipo, en el caso de Alex regresó.

Fue hace un año. Hace apenas dos meses comenzó a superarlo de nuevo. Todavía, dice, a veces llora por las noches.

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La Organización Mundial de la Salud reportó en el año 2015 que la depresión constituyó un problema relevante de salud pública, dado que más del 4% de la población mundial vive con ella. Según las estadísticas los más propensos a padecerla son mujeres, jóvenes y ancianos.

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El trastorno, agrega la OMS, corresponde a la cuarta causa de pérdida de años de vida saludables en el mundo. En México la situación es peor: la depresión ocupa el primer lugar de discapacidad para las mujeres, y el noveno para los hombres. Se estima que 9.2% de la población ha sufrido depresión, que una de cada cinco personas sufrirá depresión antes de los 75 años, y que los jóvenes presentan tasas mayores aún no detectadas.

Hay más datos relevantes. Aunque la depresión en mujeres tiene relación con cambios hormonales, también se cuentan “la obligación de cumplir con los deberes asociados con la maternidad, el matrimonio y las opresiones que se viven por el hecho de ser mujer, y estar obligada a cumplir con ciertos roles son causa de la depresión”.

La violencia de la que las mujeres son víctimas también es un factor importante. Según la OMS, el 35% de la diferencia por género en depresión podría explicarse por el abuso sexual ocurrido en la infancia.

En tanto, según la situación conyugal la proporción más alta de mujeres deprimidas corresponde a las separadas, divorciadas y viudas con un 76.2%, mientras que entre los hombres el mayor porcentaje de deprimidos se ubica entre los solteros con un 44.0%.

El hecho de que las mujeres se vean más afectadas por la enfermedad oculta otros aspectos. Según Corina Benjet, investigadora del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, los hombres tienen mayor riesgo de consumar efectivamente sus suicidios, mientras que las mujeres muestran mayor porcentaje de conductas suicidas pero sin consumar.

Alex fue uno de ellos.

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—Esta última vez también fue fuerte —dice Álex—. Apenas me estoy recuperando.

Llevaba un mes de estar cansadísimo. Llegaba agotado de la jornada laboral, con ganas de desconectarse por completo, pero al momento de estar en la cama no podía dormir.

—Me daba vueltas, me levantaba a beber un trago, hacía ejercicios, me acurrucaba en el suelo… Quería dormir, pero no podía.

Entretanto dejó sus trabajos. En esta nueva crisis ocurrida a sus 51 años, dice, lo ayudó el que su esposa estuviera presente.

—Ella siempre supo de mi condición, y saber que no estás solo te permite respirar un poco. Cuando llegó esta crisis supo qué hacer. Me llevó al Seguro Social, y no sé qué les dijo pero me turnaron inmediatamente a Psiquiatría…

Entonces empezó el periplo: estudios, análisis… Resultó que su cerebro no generaba las hormonas que equilibran la mente, y ante cualquier shock por estrés podría desatarse una crisis. El motivo —“más que un motivo fue un pretexto”, admite, “porque tarde o temprano cualquier cosa me iba a afectar”— fue el trabajo, dado que el estrés laboral hizo que el desarrollo de esos químicos cerebrales se fue a cero.

Y mientras tanto, la crisis golpeó fuerte.

—Estuve acostado un mes y medio. A veces dormitaba: mi cerebro quería dormir, pero mi cuerpo se despertaba. Yo seguía sin levantarme. Solo me paraba al baño y regresaba a la cama. No me bañaba, no me aseaba, dejé de preocuparme por cualquier cosa.

Cuanto estaba en crisis, dice, le dolía todo.

—Es curioso: no era un dolor del cuerpo, porque físicamente no me dolía nada. Pero era un dolor del alma, uno que a veces cuesta explicarle a los demás… Lo primero que todos debemos hacer es entender: la depresión no es una enfermedad imaginaria, ni un invento ni algo que se resuelva echándole ganas. La depresión es una enfermedad que nos rebasa, y en ocasiones de ahí a la muerte hay solo un paso.

A veces su mujer, dice, solo lo abrazaba. Él le decía: déjame llorar. Y ella lo dejaba. Así permanecían abrazados, en silencio, durante horas.

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La OMS pronostica que para el año 2020 la depresión será la primera causa de discapacidad en México. Para el próximo año la salud mental pública será el principal reto de sanidad que deberá el país durante la próxima década.

(Foto: Pixabay)

Pero el problema no acaba ahí.

“En el mundo hay cerca de 350 millones de personas que sufren algún grado de depresión” afirmó apenas en mayo de este año el especialista argentino Alejandro Gordillo, miembro del área de Salud Mental del Hospital de Clínicas de su país. “El 20% de la población considerada sana padece algún tipo”, agrega. Como esta población desconoce su situación y no se trata, se va acentuando el cuadro y se produce un desmejoramiento de las funciones afectivas y laborales, o afecciones asociadas al cuadro de depresión ansiosa.

Para superar ese problema, coinciden la OMS y el mismo especialista, la clave es comprender el problema. Y después de eso, abordarlo. Pero convencer a todos no es tarea fácil.

“Las masculinidades son construidas a partir de factores como influencias socioculturales”, aseguró en febrero de este año el Instituto Chihuahuense de Salud Mental. “En los hombres se ha perpetuado la dificultad para expresar sus preocupaciones, emociones, sentimientos, y en ocasiones ocultan o minimizan lo que sienten”.

La misma institución agrega que la depresión puede presentarse de manera distinta en hombres y mujeres, y reitera que estadísticamente el caso de ellos es más dramático porque el 80% de los suicidios consumados se presenta en hombres.

“Los hombres, debido a estereotipos sociales, pueden presentar síntomas afectos como enojo, agresividad e irritabilidad. Generalmente son menos propensos que las mujeres a buscar ayuda médica, pueden incrementar el consumo de sustancias para lograr expresar lo que sienten y socialmente han aprendido a evadir conversaciones en las cuales se trate su tema”.

En palabras simples: asumir una depresión puede ser la diferencia entre la vida o la muerte.

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—Tuve que replantearme muchas cosas —dice Álex—. La primera de todas fue asumir la enfermedad. Ponerle un nombre. Eso generalmente hace bien.

Para ayudarse, dice, comenzó a escribir.

—Sucede que, a pesar de todo el apoyo, al final del día nadie te comprende: ni tu mujer, que conoce el problema, pero no lo vive, ni tus amigos, ni tus familiares… Los medicamentos y la terapia ayudan, pero cada día es una lucha para mantener el equilibrio: encontrar lo que no debo hacer, detectar lo que sí debo hacer… cada día, todos los días, todas las horas, hay una batalla.

La falta de conocimiento del tema a nivel social es otro problema. Uno de los principales conflictos que enfrentan los depresivos, asegura Alex, es la poca empatía de muchos que pretenden ayudar.

—A veces la gente, sin saberlo, hace comentarios que dañan. Es francamente horroroso estar en medio de una crisis, con un profundo dolor interno, sintiendo que el mundo se te está desmoronando, y que alguien te diga: ‘échale ganas’, como si la sobrevivencia diaria no tuviera valor. ¡Por supuesto que le estoy echando ganas, de otra manera ya estaría muerto…!

Pese a que cualquier tratamiento requiere primero de un entendimiento pleno, dice, en la actualidad ni los organismos de salud parecen preparados para tratar el tema.

—La depresión tiene síntomas, patologías, formas de tratarse. Pero en México aún no comprendimos del todo el tema. En el sistema de salud aún te tratan de la manera más burda: te dan pastillas y te mandan otra vez a ser “funcional”.

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La versión de médicos y afectados arroja algunas herramientas útiles para enfrentar esta enfermedad.

La depresión no es un proceso de días o semanas, sino que puede incubarse durante años. El desgaste es fuerte, comentan los afectados, y además muchas veces se produce un círculo vicioso en el cual el afectado deja de asumir sus responsabilidades, y eso acarrea mayor estrés y ese estrés, a su vez, reafirma la depresión.

No siempre sirve el mismo tratamiento. En pocos meses se pude cambiar varias veces de dosis. La misma medicina que sirve en un momento puede dejar de ser útil en pocas semanas. En ocasiones, eso genera el temor de la incertidumbre: un depresivo en tratamiento puede estar muy bien unos cuantos meses, pero en cualquier momento puede recaer.

Una gran ayuda, indican víctimas y especialistas, es asumir que no se trata de un problema que se pueda superar: la clave es aprender a convivir con él.

—Sé que voy a morir con ese problema —dice Alex—. Pero también sé: no me voy a morir de ese problema.

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Alex tiene su amuleto: un pequeño frasco con una pastilla contra la ansiedad. Sabe que, en caso de necesidad, ahí estará. Aunque no la use, saber que la tiene al alcance permite abordar con mayor tranquilidad cualquier situación. Si se considera que la ansiedad es uno de los principales factores que en un momento determinado puede desencadenar la depresión, esa confianza resulta vital.

—Llevo sin abrirla hace tres meses —dice, compartiendo su triunfo tras esa batalla diaria.

Sucede también que la depresión es una enfermedad que mata. En abril de este año el arzobispo de Morelia, Carlos Garfias Merlos, anunció un programa de apoyo para quienes padecieran depresión.

—Si no exponemos y tratamos estas cosas —concluye Alex—, podrían seguir ocurriendo suicidios. Pero lo peor es que, si eso sucede, quizá solo se reportará otra muerte, pero nadie sabrá jamás que esa nueva muerte se debió a la depresión.

—En tu caso, ¿no temes recaer de nuevo?

—Todos los días libro esa batalla —responde, guardando su amuleto.

La fiscalía estatal reportó a inicios de mayo que durante el primer trimestre de 2019 se registraron 90 suicidios en la entidad, una cifra superior a los cuatro años anteriores. Las estadísticas comprueban que, tal como Álex, desde el silencio del corazón miles de michoacanos libran una batalla diaria: una que en muchas ocasiones permanece ahí, sin mostrarse. Una que anula, invisibiliza y coarta. Una de la que cualquier afectado, quizá, solo se enterará hasta el momento del zarpazo final. Una batalla que mata.

Al tratarse de una enfermedad que puede ser mortal, la detección es fundamental. Estas son algunas conductas que deben poner en alerta a cualquier familia.

  • Tristeza sin motivo aparente o justificado; no se hace nada por falta de ilusión y motivación
  • Dejar de comer, dormir mal o demasiado, y sentirse sin fuerza
  • Aislamiento; no relacionarse con nadie, dejar de reunirse con amigos o hasta mostrarse malhumorado la familia
  • Permanencia en la cama durante la mañana y mayor energía al transcurrir el día; la serotonina alcanza sus niveles más altos por las tardes, y de ahí la mejoría
  • Pensamientos negativos, con ideas de enfermedad o incluso muerte
  • Llanto. Si se llora sin motivo, y después de llorar no hay un mejor estado de ánimo, es posible que la depresión haya comenzad
  • Ansiedad, que frecuentemente va junta con la depresión. Algunos síntomas pueden ser nerviosismo, agitación, respiración acelerada o entrecortada
  • Incapacidad para obtener placer o disfrutar. La falta de interés en el sexo, la impotencia o frigidez y la ausencia de deseo pueden ser muy reveladores

Fuente: OMS

(Foto: Pixabay)

¿Cuáles son los factores de riesgo de padecer depresión?

  • Algunos de los factores que parecen aumentar el riesgo de que se manifieste o se desencadene la depresión son:
  • Autoestima baja, ser demasiado dependiente, muy autocrítico o pesimista
  • Situaciones traumáticas o estresantes como maltrato físico o abuso sexual, la muerte o la pérdida de un ser querido, una relación difícil o problemas económicos
  • Familiares consanguíneos que tienen antecedentes de depresión, trastorno bipolar, alcoholismo o suicidio
  • Ser lesbiana, gay, bisexual, transgénero o presentar variaciones en el desarrollo de los órganos genitales que no son claramente ni masculinos ni femeninos (intersexualidad) en un entorno que no brinda apoyo
  • Antecedentes de otros trastornos de salud mental como un trastorno de ansiedad, de la alimentación o de estrés postraumático
  • Abuso de alcohol o de drogas recreativas
  • Enfermedad grave o crónica como cáncer, un accidente cerebrovascular, dolor crónico o una enfermedad cardíaca
  • Ciertos medicamentos como los que se indican para la presión arterial alta o las pastillas para dormir; es vital hablar con el médico antes de suspender la toma de cualquier medicamento

FUENTE: mayoclinic.org

EL DATO:
Según la Revista Médico-Científica de la Secretaría de Salud Jalisco, el suicidio es un fenómeno complejo que falta abordar de manera integral para comprenderlo y prevenirlo cuando se ha convertido en un problema de salud en nuestro entorno. La OMS reporta que el suicidio es la segunda causa principal de defunción en el grupo etario de 15 a 29 años, y que el 79% de todos los suicidios se produce en países de ingresos bajos y medianos cono México.

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