Ciudad de México (Rasainforma.com/Redacción).- Un día como hoy, pero de hace cien años, nació Pedro Infante en Mazatlán, Sinaloa quien desde temprano mostró vocación para la música.

Aprendió a tocar la guitarra, el piano, el violín y la batería de forma natural, demostrando que tenía un don, dice Sergio Solís, productor en Warner Music México.

“Obviamente, la gente no lo quería ver tocando detrás de la batería, la gente lo quería ver delante, con el micrófono cantando, porque tenía una presencia física que les gustaba a ellas y a ellos también”, dijo.

La voz de Infante, que no llegaba a registros altos, interpretó géneros como rancheras, baladas rancheras, vals y huapangos; “Cien años”, “Paloma querida“, “Mi cariñito” y “Cartas a Eufemia” son algunos de los temas por los que se le recuerda.

Pedro Infante transmitía a través de su voz“, podía darle el tono adecuado a una canción con sentimientos de “fiesta, enojo, o tristeza”, afirma María Eugenia Flores, hija del compositor “Chava” Flores (1920-1987), quien compuso temas para el cantante como “La tertulia”.

Para ella, “el ídolo de Guamúchil” (por el pueblo en el que pasó su infancia) supo vencer una de las dificultades que implican los temas de su padre: “Tienes que conocer acerca de la forma de ser del mexicano, saber interpretar, no es una canción que se diga de memoria y no digas nada”.

Pedro Infante tenía una facilidad sorprendente para aprenderse las canciones y grabarlas de manera ágil, aunque no fue así en la primera audición que realizó para una película, cuando casi lo vence el pánico.

No obstante, esos temores iniciales no duraron e Infante participó en unas 60 cintas, entre ellas Los tres GarcíaNosotros los pobres y Pepe el Toro.

El sinaloense trascendió por su carisma, por la que sigue “jalando” a la gente después de muerto. Cuando se pregunta por qué para los mexicanos sigue siendo hoy en día una figura tan cercana, las explicaciones coinciden en señalar la personalidad del ídolo.

Sobre la supuesta rivalidad de Infante con Jorge Negrete, otro de los ídolos de la llamada “Época de Oro” del cine mexicano y con quien coincidió en la película Dos tipos de cuidado, en los que los dos se enzarzan en un recordado duelo de coplas.

La voz de Negrete “era mucho más importante que la de Pedro Infante, pero la emoción de Pedro Infante fue única”, reflexiona el tenor Fernando de la Mora.

Asegura que el cantante “se conectó con el público de una manera familiar, de una manera única”, porque “Pedro Infante está en el ADN de todos los latinoamericanos“.

Para recordarlo, hoy se inaugurará el Museo de Pedro Infante en Guamúchil, que contará con objetos que pertenecieron al artista, mientras que en la capital se presentará la exposición “Por siempre, Pedro Infante” en la estación de metro de Bellas Artes, y mañana se celebrará una misa en la Basílica de la Virgen de Guadalupe.

Siempre quedará como una incógnita el qué habría pasado si un accidente de avión no hubiera acabado con su vida a los 39 años. A lo largo de su trayectoria, dejó grabadas 351 canciones, la última de ellas, “La cama de piedra”.

“Alguien decía por ahí que las gentes grandes son tan grandes que saben el momento en el que se tienen que morir”, concluye Solís.

omm