Es común, en estos tiempos, la migración de políticos a otros partidos, particularmente cuando ven incertidumbre en la institución en la cual militan.

Se ha visto en el PRI, PAN, PRD, y la chiquillada, cómo, sin el mayor pudor, van de partido en partido, sin pensar en la ideología y menos en la lealtad a la institución donde crecieron.

Este fenómeno camaleónico, está más presente entre quienes no han ganado un elección de mayoría y han sido beneficiados por la membresía de su partido.

Me refiero a quienes nunca han competido por un puesto de elección popular por la vía uninominal y arrebatan las posiciones de regalo; aquellos quienes sin arriesgar nada, garantizan cargos públicos para vivir del Erario sin mayores contratiempos.

Cuando se van, invocan la congruencia, pero olvidan que siendo de Izquierda apoyaron al candidato de la Derecha. Y anuncian irse a un partido “verdadero de Izquierda” del cual ignoran su variopinta conformación porque así les conviene.

Carlos Torres Piña, se va del PRD pero no deja la diputación federal que el Partido de la Revolución Democrática le concedió. Renuncia al PRD pero no a los privilegios dados por su ex partido.

Torres Piña, se pudo haber ido cuando no ganó la postulación al Senado, pero cómodamente aceptó la “pluri” para meterse a la Cámara de Diputados.

¿Congruencia? ¡No! ¡Es mero oportunismo!

Pero los nuevos tránsfugas del PRD no la tienen fácil. Los morenistas son muy rencorosos aunque públicamente digan otra cosa.

Es muy fácil renegar de un partido político y sus dirigentes, pero imposible renunciar a los privilegios.

A Morena le interesan más los diputados por encima de cualquier militante sin cargo. La Curul es el valor real de los nuevos tránsfugas; cuando ya no la tengan serán uno más. No se les debe olvidar lo ocurrido a Fidel Calderón y el mismísimo Leonel Godoy, marginados, hasta ahora, de la Cuarta Transformación.

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