Seguro ni has leído este estremecedor poema a lo largo del Callejón del Romance

Morelia, Michoacán (MiMorelia.com/Redacción).- Seguramente has ido al Callejón del Romance de Morelia y ni te has detenido a leer un hermoso poema que se halla plasmado a lo largo de su trayecto.

(Foto Instagram: Ali Espinoza)

Se trata de un estremecedor texto que narra testimonios de Morelia en el pasado siglo, y que da cuenta de los espacios diversos con los que cuenta la ciudad, y que hoy en día todavía disfrutamos.

El poema es “Romance a Morelia” y fue escrito por Lucas Ortiz Benítez, oriundo de Taretan y que vivió del año 1904 a 1984 y se formó en la Normal de Maestros de Morelia.

Partes del poema “Romance a Morelia” están dedicados al Callejón del Romance, y son visibles en placas de color rojizo.

Romance
(Foto Instagram: Ali Espinoza)

Amén de hacer alusión a este espacio, Romance a Morelia recorre también en sus versos plazas, templos, jardines y hasta comida.

El poema se escribió en octosílabos, y aquí lo puedes leer completo:

¡Romance de mi ciudad,

bañado con agua zarca,

para endulzarte, en los patios

reventaron las granadas!

En la iglesia de San Diego

se bautiza la alborada

y por “volo” distribuyen

cantos de paz, las campanas.

Puñados de niebla joven

en camelinas de gasa;

floripondios que vacían

blancuras en la mañana;

sabor hay de gelatinas

por calles recién regadas;

el sol entra en la ciudad,

rodando por la Calzada.

Portales donde se esconden

el amor en raya de agua

de papel con filo de oro

y dos palomitas castas,

olor de la fruta de horno

junto a las ollas de horchata,

requiebros del membrillate

a la desnuda cocada.

¡Rosa plegaria de piedra

que levanta entre dos plazas

secular clamor del hombre,

trocado en torres ufanas!

(Contra los ágiles muros,

héroes forjaron la Patria.

Los muros fueron el yunque

y los martillos, las balas).

Plaza de Armas rumorosa

en noches de serenata,

cuando vueltas y más vueltas

dan mis garbosas paisanas,

regando luengos adioses

para envolver al que pasa.

En la miel de los buñuelos

prendida quedo mi infancia

y mi juventud quedóse

de respaldo en una banca,

latiendo en un corazón

grabado con mi navaja,

entre corona de espinas

y flechas atravesadas.

Por el Jardín de las Rosas

todas las rejas son blandas,

porque estudiantes sin libros,

fácilmente las apartan.

La Pila de San José

tiene las huellas grabadas

de labios de normalistas,

que bebieron en sus aguas

querencias de tiempos mozos

y púberes esperanzas.

Se eleva San Agustín

y San Francisco se baja,

los dos esconden la gula

en las mangas de su saya.

Subió la Santa María

a ver la ciudad amada

y en la loma se quedó

para siempre a contemplarla;

cestas de frutas le suben,

en agosto las muchachas.

Añoso bosque de fresnos

donde la virtud naufraga.

El portero celestial

en jardinero se cambia,

el Santo planta los lirios

y Satanás los arranca…

En la plaza de Carrillo

la feria nunca se acaba;

el corazón y la muerte

se enamoran en “las tablas”,

mientras la muerte se ríe,

el corazón se desangra.

Móvil pista de colores,

fijos pegasos de infancia

en que los charros se suben

para aniñarse del alma,

charros de tierra caliente

que su valor aquilatan

perdiendo la vida a locas,

porque en las cuerdas del arpa

vibre un corrido que diga

junto a sus nombres, su fama.

Callecita del Pichel,

por allá en la Soterraña,

tus gallos, gola de iris,

clausuraron sus gargantas,

porque otros gallos implumes

despertaron a las damas.

¡Ay, ciudad de mis recuerdos!

¡Oh, capital michoacana!

¡Si se murieran las rosas,

otras rosas te quedaran;

las rosas de tus mujeres

de belleza no igualada,8

que rezan a San Antonio

y besan en las ventanas!

¡Romance de mi ciudad,

bañado con agua zarca,

para endulzarte, en los patios

reventaron las granadas!

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