lucero pacheco

La visita del presidente Andrés Manuel a Estados Unidos fue todo un éxito, porque el objetivo, desde un inicio, fue que no sucediera nada. México y Estados Unidos acordaron sacar de la agenda los temas prioritarios y álgidos. Lo que se buscó fue solamente la fotografía, y que ésta fuera lo menos ríspida.

Fue una visita de simbolismos desde el primer minuto. La foto del presidente en un avión comercial rumbo a Estados Unidos, con cubrebocas, las ofrendas de Andrés Manuel, primero a los pies del monumento a Abraham Lincoln (Lincoln Memorial) y luego en el monumento a Benito Juárez en Washington. Le siguieron los mensajes y símbolos compartidos.

Un día antes, fotografías publicadas en la cuenta de Twitter del presidente Donald Trump desataron polémica, pues eran fotos sobre la visita que realizó el 23 junio pasado al muro fronterizo en San Diego. Ese día, en una conferencia, Trump comentó que los cruces ilegales de centroamericanos habían bajado 97%, por lo que agradeció a López Obrador. El miércoles, en Washington, el tema migrante ni siquiera estuvo en la agenda. No fue prioridad.

El siguiente momento fue la llegada de Andrés Manuel a la Casa Blanca. No hubo saludo, no hubo palabras, solo gestos, un silencio avasallador y un “sígueme” de Donald Trump a AMLO a la hora de entrar a la casa.

Ya en plena reunión, el gobierno de México compartió imágenes del encuentro de ambos presidentes en la Oficina Oval, previamente a la firma de la Declaración Conjunta por inicio del Tratado de México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).

Lo que llamó la atención fue que al centro de la fotografía estaba una réplica del Air Force One de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos que transporta al presidente, el “avión presidencial” de Trump. Un mensaje directo a AMLO, quien ha causado polémica por no aceptar el avión presidencial para su transporte por el país, y en su lugar viajar en vuelos comerciales.

Vino el discurso de ambos mandatarios, un halago mutuo y sin tocar los temas álgidos, ni seguridad, ni migración, ni disculpas al pueblo mexicano por las ofensas de habernos llamado violadores, animales y drogadictos.

De Trump obtuvimos: “Es un gran placer darles la bienvenida a todos ustedes a la Casa Blanca; a mi buen amigo, el presidente López Obrador, de México. Tenemos una relación sobresaliente”.

Andrés Manuel correspondió: «Por eso estoy aquí, para expresar al pueblo de Estados Unidos que su presidente se ha comportado hacia nosotros con gentileza y respeto”. Sí, así como lo lee, “con gentileza y respeto”.

Y siguió: “Nos ha tratado como lo que somos, un país y un pueblo digno, libre, democrático y soberano”. El tamaño del elogio era innecesario, pero el fondo importa, porque eso es lo que quería Donald Trump y Andrés Manuel le cumplió. El día de hoy, el equipo de campaña de Donald Trump ha utilizado esos elogios como spot de campaña.

No hay que confundirse, nadie quería que le fuera mal al presidente. La exigencia popular era que mostrara dignidad, que cumpliera su promesa de campaña, esa que decía “pondré a Trump en su lugar”.

En aquel enero de 2018, luego de un mitin de precampaña en Veracruz, Andrés Manuel declaró que no dejaría que el mandatario estadounidense lo callara; «va a tener que aprender a respetarnos, no va a agarrarnos siempre de escarnio, no es que se levantó en la mañana y va a poner en su Facebook que los mexicanos son muy malos y ya, porque se los recomendaron sus publicistas. Cuando ponga eso va a tener respuesta directa». Ahora ya sabemos lo que sus publicistas le recomendaron: llevar a AMLO a la Casa Blanca.

Para terminar la gira, y casi a modo de regalo, se anuncia la detención en Miami, Florida, del ex gobernador de Chihuahua César Duarte, por desfalco al erario por alrededor de 6 mil millones de pesos y el desvío de 250 millones de pesos para campañas electorales del PRI, de acuerdo a la orden de aprehensión emitida por las autoridades.

La detención se dio minutos después de la declaración conjunta de ambos mandatarios desde la Casa Blanca. Un regalo del gobierno estadounidense para Andrés Manuel.

La pregunta de fondo: ¿hasta cuándo durará esta “buena amistad” con el vecino del norte?, ¿cuándo se abordará el tema migratorio y de seguridad? ¿habrá reciprocidad en 2021 y veremos a Trump en Palacio Nacional?

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