El significado literal del amor, en cualquier lengua, es una mera aproximación a lo que es o se supone que es y no deja de ser paradójico que una palabra que se viste de significados diferentes y a veces no combinables, constituya la razón -en tanto motivo- quizá fundamental de la vida humana, en su cara individual y en su rostro colectivo.

El amor, de hecho es uno de los grandes temas del ser humano como especie viva y existen innumerables testimonios que justifican el aserto en todas las culturas humanas.

En el arte, el Tah Majal tuvo como fuente causal el amor que el emperador Shah Jahan sentía por su esposa Mumtaz Mahal; en la escultura «El beso» de Auguste Rodin, también se ha expresado el amor en un forma a la vez sutil y potente; en la pintura, obras de Renoir, van Gogh, Klimt, Botticelli y tantos otros pintores han mostrado con belleza el amor; en música, la «Sonata para piano No., 14» de Beethoven, es imposible concebirla sin pensar en el amor; con el ballet del «Lago de los cisnes» de la obra del mismo nombre, ocurre lo mismo; en poesía, el amor es fuente inagotable de versos, así, Bécquer (Los invisibles átomos del aíre/ en derredor palpitan y se inflaman;/ el cielo se deshace en rayos de oro; la tierra se estremece alborozada:/ oigo flotando en olas de armonía/ rumor de besos y batir de alas;/ mis párpados se cierran… ¿Qué sucede?/ ¿Dime?… ¡Silencio!… ¡Es el amor que pasa!) o Neruda (Me gustas cuando callas porque estás como ausente,/ y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca./ Parece que los ojos se te hubieran volado/ y parece que un beso te cerrara la boca.) o el excéntrico Bukowski (…el amor necesita demasiado…») y en prosa Dumas con «La dama de las camelias» o la inolvidable «Romeo y Julieta» de Shakespeare, son egregios ejemplos.

El cine también ha mostrado obras de y sobre el amor y no tenemos que remontarnos al pasado, bastaría recordar la película de Guillermo del Toro «La forma del agua» y en fotografía a Lola Álvarez Bravo o a Tina Modotti.

En la filosofía, el amor ha sido materia de reflexión, así, alcanzaría con recordar a Platón (Diálogo «El Fedro») o a Ortega y Gasset («Estudios sobre el amor») y en la ciencia, el mismo amor es causa y objeto de examen, por ejemplo en psicología o en las neurociencias.

En un piso más terrenal, es bueno recordar las canciones de nuestra cultura popular, en la cual siempre presentes tenemos a «Bésame mucho» (Consuelo Velázquez) «Piensa en mí»(Agustín Lara) «Somos novios» (Armando Manzanero) «Si nos dejan» (José Alfredo Jiménez) y «Peregrina» (Vega-Palmerín) por solo mencionar algunas -no tan próximas en tiempo- de las cientos de canciones de amor que componen el repertorio mexicano.

Y por qué no pensar en las serenatas, al píe de la ventana, que con sus ya diversas formas aún entonan el amor por la persona querida.

El amor siempre ha sido amor y acompaña al ser humano desde los inicios de su presencia en la tierra hasta el día de hoy, sin que su naturaleza cambie.
Tal vez lo que ha cambiado es la transparencia y el valor de la igualdad en el amor o los medios y las herramientas de expresión.

Hoy, por ejemplo, el amor se admite de forma abierta y no es, o al menos no debe ser, objeto de violencia, sea que se construya entre personas de razas y culturas distintas o entre personas de cualquier sexo y género, porque la tolerancia a la diferencia es un valor para el orden, la paz y la justicia.

Incluso, si hoy el amor se expresa con un reguetón, una bachata o en una canción pop, en lugar de una regional mexicana o un bolero, hay que asentir que el amor no tiene formas determinadas de expresión, ni debe ser criticado por ser diferente.

El amor es amor, aunque se haga tendencia en un tuit, se exprese en un mensaje de texto, en una tarjeta electrónica, en un meme o en una estrofa guarra que circule en las redes sociales.

Pero aunque el amor es causa, objeto y fin de las obras del ser humano, lo más «emocionante» es vivir el amor, sentirlo, palparlo e incluso sufrirlo en un sentido bueno.

Después de todo, lo que digan los artistas, los filósofos y los científicos sobre el amor, o las obras que ellos creen por o sobre el amor, solo serán pequeñas aproximaciones al amor que se siente por la persona amada.

Para amar no se necesita a Píndaro, a Netzahualcóyotl, a Byron, a Miguel Ángel, a Einstein o a Octavio Paz.

Para amar, solo se ama y si se ama de verdad, hay que reconocer que el amor no daña al ser amado, ni pide oro, porque el amor, si es amor, busca lo bueno para el otro y brinda cariño, es solidario.

Feliz 14 de febrero, con sana distancia.