Por: Dalia Martínez/ @daliammd

Morelia, Michoacán (MiMorelia.com).- El taco nos unifica, nos masifica, empareja el piso. ¿Quién no se ha echado un buen taco de lengua, de ojo o de tripa?

Con el taco se rompen las clases sociales, los paradigmas y los prejuicios, porque hasta en el extranjero nos identifican (a los mexicanos) más con el taco, que con el nopal o el sombrero de charro.

“Pásele, pásele, aquí están sus meros tacos”, grita con entusiasmo el taquero de “Tacos Grill”, y ni como resistirse al olor de las cebollitas asadas, y a la vista de un molcajete repleto de salsa roja.

Así fue el festival del taco, en primero que organiza Mario Alberto Tavera, el primero que congregó a 25 de las mejores taquerías de la ciudad.

Ahí estaban los tacos de “Don Robe”, el de la combi de San Francisco; los tacos de carnitas de Don Patricio; los de Chicharrón de “Los Medina”, los infaltables de pastor, de “El Churro” que aventó la inmejorable promoción de 13 tacos por el precio de 10, de a ocho pesos cada uno.

Pero los había también para los paladares gourmet o hipsters, dirían los envidiosos; de jamaica, de champiñón con queso, de nopales, de carnitas de guisados, de carne asada y un largo etcétera.

Dice el viejo refrán que: “en la forma de agarrar el taco, se ve al que es tragón”, pero también delata quienes somos y de dónde venimos.

Para los organizadores de esta fiesta del taco, lo que valió fue que, ricos y pobres, clasemedieros y no, “godínez” o jefes, todos comemos y comimos tacos, los disfrutamos, los saboreamos, los buscamos, los mandamos traer para el festejo, para el desayuno de la oficina y para la comida en casa.

Lo cierto es que existe la teoría de que Morelia y los morelianos, sino es que todos los michoacanos, estamos a punto de convertirnos en el consumidor número uno de tacos a nivel nacional.

Hay quienes los prefieren de carnitas, de pastor o de canasta, tacos gourmet, de huitlacoche con salsa de hinojo, de jamaica y tinga de soya, de camarón o de carnitas de atún, para los veganos, de champiñón y un largo etcétera. Todos con tortilla doble y una coca helada.

Y también están los tacos especializados: de Baja California, para el mundo; de Oaxaca, para la raza; de Guadalajara, para los “fresa”, porque lo cierto es que en Morelia la comida de otros estados empieza a permear y a enriquecernos, y más si puede transformarse en taco.

img_3676

Tacos ahogados, tradicionales, de guisados que huelen a domingos familiares en casa de la abuela, que incluyen chicharrón, rajas, mole y papa, de carnitas de atún, y por supuesto de birria.

Este primer festival del taco vino bien en Morelia, porque hubo puente, porque los jóvenes se han vuelto sommelier´s de cada taquería de la ciudad y no podía faltar su presencia masiva a este evento en donde, hubo música en vivo de grupos locales, y de un DJ que supo escoger el sound track de la comida taquera de un medio día de sábado y domingo.

Faltaron mesas y sillas, pero el amplio jardín del orquidario de Morelia, basto para disfrutar los tacos acompañados de cervezas artesanales de ocho productores locales, que comienza a experimentar con la malta, como Xhakua.

Y como negarse al buen mezcal artesanal para el “desempance”, después de un atracón taquero que hecho por tierra las buenas intenciones de una dieta o las recomendaciones del doctor de bajarle a la vitamina “T”.

Tacos para todos, en las buenas, en las malas, en las peores. “A nadie se le niega un taco”, dice otro refrán, y los morelianos lo sabemos porque el taco sobrevive y se robustece frente a la comida rápida de los McDonald´s, de los Kentuchy´s y de las pizzas.

Los tacos son la respuesta purhépecha a la colonización de la comida, pero también es nuestra repuesta a nuestra propia desgracia, a esa que quema autos, que vandaliza, que mata por decenas a personas sin distingo de género.

Son, fueron, la alternativa social que busca espacios de convivencia alrededor de la comida, de compartir un taco, de sentarse en el pasto a respirar un rato, lejos, muy lejos de la muerte y el caos.

img_3677