Esperamos la gran Transformación, resultados en los hechos, respeto a las leyes y las instituciones. Que no nos engañen.

Hay un sinfín de anécdotas de la vida pública en nuestros días. La Secretaría de gobernación había afirmado que en Baja California, un mandato de cinco años en lugar de dos era anticonstitucional. Pero Sánchez Cordero avala el mandato viciado, anticonstitucional.

Tienen como bandera la lucha contra la corrupción y traen con ellos gente corrupta que se les unieron, no por ideales de servicio en favor de México sino porque adivinaron que iban a ganar y se dejaron ganar por la mafia del poder.

Mucha gente comenta que es testigo de traiciones, incoherencias y actos de corrupción, que los gobernantes tratan de arreglar con habilidad retórica y con afirmaciones dogmáticas del presidente. Su palabra compone todo, pretenden ellos.

Llega al poder en México un partido que maneja muy bien la retórica, las afirmaciones ampulosas. Quieren dejar huella en la historia. Hablan de una gran transformación, sólo la historia verificará sus intenciones.

Prometen que van a erradicar la corrupción, afirman que nadie está sobre la ley.

El ciudadano mexicano debe despertar y tener criterio para valorar al gobierno del cambio. Debe comprobar si los hechos corresponden a los discursos porque en toda la historia siempre han hecho promesas que no se han cumplido en su mayoría.

Es un servicio de trascendencia y de urgencia cooperar para hacer el cambio necesario y despertar al pueblo antes de la tragedia.

Los gobiernos populistas, astutos y perversos, con programas y discursos seductores han llevado, con dolo, a los pueblos a situaciones desastrosas. Lo acabamos de vivir en México en el sexenio pasado y hay pueblos que han sido llevados al desastre total, la miseria material y moral, el caos y la muerte. En la actualidad, como botón de muestra, tenemos el chavismo de Venezuela. Más de 4 millones han huido del país que tiene mucho menos habitantes que México.

No es difícil reconocer a los gobiernos que se engordan a sí mismos. Cuando el presidente y sus colaboradores dicen México, quieren decir yo. Cuando hablan del “pueblo bueno” de México, quieren decir su partido y sus cuates, la clase gobernante, sus fanáticos.

Hay muchos criterios para valorar un gobierno, nos vamos a referir a dos fundamentales: los frutos en los hechos a favor del pueblo y el respeto a los valores y principios y el estado de derecho, la aplicación de la ley, la policía efectiva y la sanción de los criminales.

El Estado y sus gobernantes, servidores públicos están para dar resultados en los hechos. Michoacán como otros Estados viven en el estancamiento y el retroceso. Vivimos de milagro, hay crisis en todos los órdenes. El campo no produce, por falta de tecnología y de apoyos se queda estéril. Los montes están talados y envenenados y sobreexplotados por los grandes cultivos como el aguacate.

Las inversiones huyen a causa del crimen desatado y en la impunidad.

El discurso oficial maquilla la realidad y ve que “la gente está feliz muy feliz”. Etc., etc.

El presidente y su gobierno no están por encima de la ley, es el primero que debe acatarla. Debe buscar los grandes valores patrios: la dignidad de la persona humana, el Bien Común, la verdad, la justicia para todos, empezando por los de su partido, no parcial ni convertida en vendetta política.

Es evidente a los ojos de todos, deben respetarse los principios y las instituciones, los derechos como los de los baja californianos. Debe perseguirse a los corruptos como Napoleón y otros.