Cristo descifra el enigma de tu vida: tienes una vida inmortal y el regalo más rico jamás imaginado. Hay que seguir a Cristo.

En tu vida. En la Colonia, la gente sueña con su propia casita, así sea desechable, del INFONAVIT pero les da seguridad.

Tenemos otra casa más grande, la tierra, tampoco es definitiva, la vamos a dejar porque vamos de paso.

Dios habla. Mucha gente vive enajenada, perdida en los placeres y negocios del mundo, se extravía, se enajena. Pierde la lucidez para buscar su bien verdadero y se encandila con bienes inmediatos e intensos que satisfacen sus bajas pasiones. Pierde la verdadera perspectiva de su vida y queda atrapado en sus adicciones y se encamina a un vacío de suicidio.

El hombre queda satisfecho con bienes efímeros y engañosos, después de disfrutarlos siente vacío y dolor.

El hombre, cristiano o no, en un primer plano, tiene como meta poseer muchas riquezas para vivir, en el fondo busca la vida alegre, la gloria y la inmortalidad.

Busque la amistad de alguien que piense en él y le brinde su cariño. Como afirma el psicólogo Maslow, busca el reconocimiento, la seguridad de los bienes necesarios y en el fondo quiere la gloria.

En un diálogo profundo, de amigos, Cristo comparte con sus discípulos, el intercambio es confiado y profundo, con temas esenciales. Una revelación y una promesa cargada de ternura de amigo profiere Jesús. Ante la gran prueba, trágica de su pasión, Jesús nos tranquiliza:

“no pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mi.” Cristo les va a dar la seguridad con un regalo insospechado. “En la casa de mi Papá hay muchas habitaciones… Cuando me haya ido y les haya preparado un lugar volveré y los llevaré conmigo”. Es una gran prueba del amigo fiel y generoso, una espléndida declaración de amor, más allá del romanticismo “para que donde yo esté estén también ustedes”.

Jesús es el guía para el país de la gloria, “yo soy el camino, la verdad y la Vida, nadie va al padre si no es por mí”.… Quien me ve a mi ve al Padre”.

En el camino los creyentes “van entrando en la edificación del templo espiritual –afirma San Pedro– para formar un sacerdocio santo destinado a ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios…

Ustedes son raza elegida, sacerdocio de reyes, nación consagrada Dios y pueblo de su propiedad.”

Los discípulos trabajarán para que la Buena Noticia llegue a todos los hombres, organizan las comunidades, nombran diáconos para atender a las viudas. Ellos tienen otra misión esencial: “nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la Palabra.

Necesitamos convertirnos a esa relación de amistad con Cristo, tiene la vida y el gozo que andamos buscando. No sentiremos seguros con una habitación en el cielo, en la fiesta de Cristo.

Vive intensamente. Encuentra a Cristo resucitado, entra en el círculo de amigos.

Cristo está aquí. En el círculo de amigos con su riqueza infinita, en su casa nos da el alimento de la vida eterna.