José Sánchez del Río es canonizado, a sus casi 15 años es santo y héroe, fruto del tiempo trágico de persecuciones del gobierno, testigo de fe, mártir del pueblo católico.

El domingo 16 de octubre, a las 3 am, hora de México, se ha canonizado a un chico de Sahuayo, Michoacán, José Sánchez del Río.

Un santo es un enlace con el cielo. Se da en este mundo, pero hay una prueba del cielo. Se requiere un sello fundamental, un milagro, un hecho que se puede comprobar científicamente pero suspende las leyes naturales.

El milagro que hizo Joselo fue la curación de un bebé, puedes ver detalles en face, San José Sánchez del río y en Zombies Santos.

Un santo es como un estrella supernova, una aparición extraordinaria que aclara los misterios del universo. Un santo permite ver profundidades, secretos de la vida y del mundo.

En la situación de maldad, tiranía, persecución, tinieblas del crimen que aplasta la vida, los santos muestran la realidad escondida, la verdadera dimensión del ser humano, el fondo bueno, las virtudes heroicas que están latentes en el corazón, los grandes ideales. Los santos son cumbres de verdad, pureza, de la más grande y pura libertad, descubren la dimensión bellísima, divina de la existencia.

Es como en la comedia humana que presenta Victror Hugo en Los Miserables: aparece lo más bajo, vil, asqueroso como las acciones de los Thenardier, de Javert, su perseguirdor. Aparecen también como flores muy raras y preciosas actitudes muy nobles, sorprendentes inesperadas como la caridad del obispo de Migne y la nobleza de Jean Valjean. Gavroche es un chico encantador que muere en la revolución de París, en las barricadas.

Hay muchos mártires que no han tenido la notoriedad de San Joselo. Hay que dar reconocimiento a esa multitud de creyentes que sacrificaron todo por la fe y sostuvieron a los Cristeros. Son aquellos que menciona San Juan Pablo II, “los mártires, muchas veces ignorados, como los soldados desconocidos de la gran causa de Dios…”

Hay que hacer un reconocimiento a toda la Iglesia perseguida que vivió su etapa de las catacumbas, como los primeros cristianos. Muchos recibían los sacramentos a escondidas, en las casas. La persecución continuó muchos años después en Michoacán, a pesar de los acuerdos que firmó Calles con los obispos, Lázaro Cárdenas la continuó en Michoacán.

San Joselo es una ídolo providencial, de primera magnitud para nuestros adolescentes, esta edad ignorada por todo mundo, incluidos los pastores de la Iglesia, casi nadie le da su lugar. Es un adolescente como tantos que frecuentan la secundaria y la prepa.

Sólo señalo dos rasgos de la adolescencia: su necesidad de admirar a sus héroes y su carácter influenciable por el mundo.

Los adolescentes necesitan ídolos con quienes identificarse. En la oleada que arrasa con los valores se han llevado los héroes verdaderos. Los chicos admiran tipos del show business, de fantasía como las joyas, de la moda, ficción de maquillaje y reflectores, vanos.

Necesitan héroes que valgan, Joselo es un modelo resplandeciente por su fe, su pureza, su entrega hasta dar su sangre y su vida. Es un chico maravilloso, capaz de entusiasmar y hacer soñar a las multitudes.

Los adolescentes son frágiles en una personalidad que se busca, no tienen criterios, son presa fácil de la seducción. Desde hace tiempo la industria y el comercio han hecho su presa y los han convertido en animales de consumo. Consumen lo que sea para sentirse grandes, para tener un lugar en la sociedad, y estar a la moda.

El mundo hoy corrupto, mediocre, hedonista, “fresa” necesita del testimonio de Joselo con sus grandes valores aletargados que esperan un llamado poderoso en el alma adolescente para un despertar formidable.

Hay que aprovechar la fuerza creadora de brotes nuevos en el alma adolescente. El genio adolescente que desplegaba Joselo en las campañas como abanderado del ejército cristero es sublime.

Otro brote es la pureza, la madurez de su fe que le permite una visión clara del destino definitivo del hombre y su visión de las realidades definitivas.

Es envidiable, admirable su amor y fidelidad a Rey que con su valentía heroica lo lleva a sufrir las torturas al grito de “!Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe! No se dobla y va entero hasta el tiro de gracia, al lado de la tumba cavada para él.

Lo que siguió fue la visión más bella indescriptible, su llegada a la gloria, a la presencia de Cristo glorioso. Ese día estuvo con el Redentor, Dios en el paraíso.