La patria mexicana, como telón de fondo en «El laberinto de la soledad» de Octavio Paz, se entiende de un modo dinámico en el que juegan los individuos y las colectividades, y en un mundo que nos implica a todos.

La idea me parece cierta en gran medida, pues la patria mexicana, lo mexicano, se encuentra en constante elaboración, sin que pueda llegar a conceptuarse de manera definitiva; pero, también es evidente que nuestra patria, lo mexicano «es» aquí y ahora, de un modo singular y diverso a cualquier otra patria o nacionalidad, en el mundo.

En la política, sin embargo, la forma de aproximarse, de conocer, de entender, de interpretar, comunicar y usar la «patria» y su historia es azarosamente cambiante.

Por decirlo de manera muy gruesa, en los últimos 25-30 años, los voceros «autorizados» de cómo entender la patria, partían de concepciones filosóficas, teóricas económicas y políticas ancladas en una visión individual-utilitarista; mientras que más cada vez queda claro que en el gobierno de la cuarta transformación, la interpretación de la patria y su historia se anuda en una filosofía y teoría económicas y políticas enraizadas en una perspectiva social de bienestar y beneficio común.

Esto último es posible hoy, porque el movimiento de regeneración nacional ha vencido en la contienda electoral y la visión próxima anterior fue vencida.

Por eso es que los medios de radio difusión pública se «adueñaron» de la señal de transmisión de los actos y festejos del 15/16 de septiembre, por eso es que los programas de festejo mutaron, por eso es que los ritos cambiaron y también es por eso que en esos medios no figuraron ni Krauze, ni Aguilar Camín, ni Reyes Heroles, ni Silva-Herzog, entre otros de los «intelectuales orgánicos» del pasado reciente y por eso es que ahora lucieron nuevas voces, encabezadas por Paco Ignacio Taibo II y otros intelectuales y su visión de la historia patria, de cómo debemos entenderla.

A los ojos de la cuarta transformación, me parece, la forma en cómo se comprende la historia patria -y cualquier otro aspecto de la vida social pasada o presente-, no solo es una cuestión explicativa, sino que se encuentra orientada política y pragmáticamente, eso es, se inserta en la idea del cambio preconizado por la misma cuarta transformación, es, por decirlo quedito, la pretensión de una «glasnost mexicana».

Ya el Presidente de la República, en el «grito» del 15 septembrino, dejó claros los valores en los cuales cree no solo para él, sino para los mexicanos, entre otros, la democracia, el pueblo, las comunidades indígenas, la cultura y la fraternidad universal, entre otros.

También, de puertas hacia afuera, el 15 se ajustó a la sobriedad de una austeridad republicana, exenta de invitados que le hicieran valla, reverencia y luego coronaran como cortesanos los palcos de Palacio Nacional para disfrutar los fuegos artificiales, con una marcada diferencia con el pueblo debajo de los mismos palcos. Claro que, de puertas adentro, se han podido observar imágenes de la fiesta propia del Presidente y de sus invitados.

En el desfile del 16, volvió esa imagen de puertas hacia afuera, de sobriedad y de austeridad republicana, ahora adosada con el mensaje de las transformaciones de México, los programas sociales en marcha y de los valores en los cuales cree el Presidente de la República, para los mexicanos.

Cada gobierno, reclama para sí, su derecho de interpretar la historia, de impulsar su visión de las cosas que -dirán ellos mismos, es la visión de las mayorías, porque las mayorías, conociéndolos, los ayudaron a vencer- Quien gana, pues, escribe su versión de la historia y de las cosas.

Más allá de que, una vez que la cuarta transformación sea vencida en el futuro (no porque ello sea un deseo de quien escribe, sino porque nada es eterno) y más allá de que los nuevos gobiernos que ganen reclamarán para sí el mismo derecho de escribir su visión de la historia, debemos de ejercer tolerancia y respetar las otras visiones de la historia, aunque no las compartamos.

No debemos desoír, ni desacreditar por completo las otras visiones de la historia, aunque esas visiones sean aquellas de los vencidos hoy, y no porque se piense que pueden volver con fuerza en el futuro, lo cual no se puede descartar, sino porque la pluralidad en la forma de entender la historia, enriquece ante los ojos críticos su comprensión y ayuda a tener una visión más amplia y más profunda sobre ella.

Por lo pronto, han pasado más de dos siglos de vida independiente de México, y se puede decir que en gran medida se encuentra pendiente la aplicación razonable del artículo 12 de los «Sentimientos de la Nación» de José María Morelos y Pavón:

«Que como la buena ley es superior a todo hombre, las que dicte nuestro Congreso deben ser tales que obliguen a constancia y patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia, y de tal suerte se aumente el jornal del pobre, que mejore sus costumbres, aleje la ignorancia, la rapiña y él hurto».
Así sea.