Otra especie de asesinos, depredadores ataca sin piedad, autoridades y pobladores moradores duermen sin conciencia ni cuidado. La muerte invade en silencio.

El precioso cuerpo de lago cristalino cambia de color, toma el amarillo de la contaminación. Las espumas de la contaminación manchan las aguas de la orilla, ha llegado el veneno que asola por todas partes.

Los pescadores han notado el cambio, no se ve que se involucren en una solución.

Hay un sentimiento de impotencia, ¿quién se preocupa de lago “más limpio” de México?

El mal viene de lejos en el tiempo, cuando empresarios, feroces buscadores de ganancias, iniciaron la tala desmedida de los bosques y extrajeron el agua para regar sus aguacates, rompiendo el equilibrio sapientísimo que Dios había fijado en la naturaleza.

Las autoridades han sido cómplices o indiferentes al envenenamiento. el dinero los corrompía. Los servidores públicos desde jefes de tenencia hasta las cabezas tienen una parte enorme de responsabilidad, han cometido el crimen de lesa Natura.

Otra gran omisión es que no educaron al pueblo ni en sus derechos ni en ecología. No los enseñaron a amar y valorar sus riquezas naturales ni a usarlas razonablemente para un desarrollo sustentable.

Los poderosos han abusado de la miseria de los pobladores originales y les han arrebatado, en tratos desiguales e injustos, la tierra y su enorme riqueza y belleza.

El enfermo no sólo está envenenado, tiene muchos padecimientos.

El investigador de la Universidad Michoacana Alberto Gómez Tagle tiene estudio científico, bien documentado.

A simple vista, podemos señalar la devastación de la naturaleza, la tala de los pinos, el cambio de uso de suelo sin permiso y con la complicidad de las autoridades. Hay faltas sumamente graves.

La tierra queda suelta y es arrastrada por las aguas de las lluvias, se produce el ensolve en grandes cantidades. Se han cortado las fábricas de agua, los pinos que absorben la lluvia y la llevan a las profundidades de la tierra.

Hay grandes contaminadores. Los Cobreros de Santa Clara que, con irresponsabilidad crasa y sin la presión de las autoridades, arrojan las aguas residuales al lago. Hay una planta tratadora que una vez visité, hace varios años, la gente no cree que esté cumpliendo su función.

En el aire y en la tierra contaminan los aguacateros, vierten a la tierra y al medio ambiente cantidades enormes de abonos y pesticidas, muchas veces prohibidos. Estas substancias venenosas son llevadas por el viento y las lluvias. En la misma forma contaminan los productores de arándano, quienes además acaparan las aguas del arroyo El Silencio, para regar sus huertas.

Muchos ribereños, que no son limpios, sueltan las aguas negras al lago. Hay que supervisar con lupa las cabañas, la salida que dan a las aguas negras.

Ya no se pueden abrir pozos de agua, a ninguna profundidad. Están sobre explotadas las corrientes subterráneas.

Los turistas con frecuencia son irresponsables, sucios y dejan su reguero de basura, plásticos y detergentes. Hace falta cultura.

Hay solución, pero tenida, en cuenta la falta de cultura de las personas, pobladores y turistas, prácticamente se ve remota y complicada.

Hay acciones del momento y acciones de largo plazo que hay que realizar. Se antoja una obra titánica a veces imposible la educación de la gente para que entienda su responsabilidad y se comprometa en acciones decididas. Todos los que tienen conciencia y cultura deben cooperar.

Una responsabilidad especial tienen las autoridades, de todos los niveles, la tenencia, el municipio, el Estado, la Federación. Hay que convencer al presidente municipal y a la jefa de tenencia de la gravedad del problema. Los servidores públicos están tan lejanos muchas veces de los problemas, entretenida en rivalidades partidistas, cegados por la obsesión del poder y del dinero.

Aquí es donde se necesita ver a la Comunidad Indígena y a los Comuneros, esta es una gran tarea y no invasiones de terrenos, contra toda justicia para obras que no les importan.

En una situación imposible hay signos de esperanza, alentadores. La Universidad Michoacana ha tomado cartas en el asunto. El caso está en la Comisión de recursos hidráulicos del Senado, lo llevó el senador Antonio García conejo.

Ante un problema que puede parecer aplastante y fatal cada ciudadano debe dar su mejor esfuerzo. Con fe en el hombre y en el Creador, no hay imposibles.